1.9.09

A flor de piel...


Cuàl,còmo,quièn es un hèroe?
Es el que tiene màs coraje que los demàs?

Acaso es ese que no se equivoca nunca?
Es un super hombre o un hombre corriente?
O es alguien con comportamiento ciego y arriesgado?

Tal vez para tener el temple de una persona heròica,se debe ser,simplemente,una persona decente y hacer lo correcto en el momento justo,como dijera algùn sabio.

A veces,las personas que gustamos de escribir,somos un tanto sentimentales y buscamos siempre un hèroe.

Y suele pasar que dònde menos lo esperamos,de pronto,vemos entre la gente de todos los dìas,los cotidianos,al hèroe que discreto,realiza un acto hèroico,que pasarà inadvertido para casi todos.
Gente del pueblo,del vecindario,de todos los dìas,personas sencillas de las que la historia olvida sus nombres,muchos de ellos,sin medallas,sin que nadie los recuerde,y nunca,ni siquiera una callejuela miserable,de ningùn ingrato paìs,llevarà sus nombres.
La zona del heroìsmo es un lugar extraño.

Zona intemporal en dònde se conjugan las lunas,los riachuelos,los que llegan y los que parten,los vientos marinos y las quillas vencidas,el beso del sol sobre los arenales,la lluvia inmensa humedeciendo las almas,una mirada al sur,un presentimiento hacia el norte,
y un secreto manantial en el espìritu,donde beben las auroras y calman su sed los miedos.

Y un balazo partiendo en dos en presente y el futuro,y su estruendo viajando por la temible oscuridad de un tunel a la nada.

El sonido de un balazo es imposible de borrar de la memoria.
Primero es el chasquido discreto del gatillo,luego la explosiòn del cañòn para empujar la bala,y luego el zumbido mortal que dura el segundo màs largo de todos,y por fin,el impacto sobre un muro,que es un golpecillo sordo,o sobre un cuerpo,que absorbe todo eco.
Y luego el dolor.
Es un dolor intenso y quemante el de un balazo.
Te deja inmòvil,sin aliento,aunque no te mate.
Ves tu sangre correr tibia por tu piel,y entonces aquel dolor a escalas te parte.

No es verdad lo que vemos en las pelìculas: sòlo quien ha recibido un balazo lo sabe. El dolor es tan intenso que no puedes correr,ni tomar un arma y defenderte.
Lo ùnico que puedes hacer,si logras controlar el miedo,es ver en que zona de tu cuerpo entrò la bala,y agradecer a tu suerte,o a tu agilidad,que haya entrado en tu hombro y astillado tu clavìcula,y no entrara en tu pecho,perforando un pulmòn o trozando una arteria,y que sigas con vida.
No te tocaba morir aùn.
Luego viene el desmayo,y què bueno.
Y partes al tùnel.
Si sobrevives,seràn seis meses de cirujìas,y otros ocho de rehabilitaciòn para poder mover tu brazo y el alma.
Còmo que el alma queda màs entumida que el mismo brazo,y sòlo tiene fugaces imàgenes de las ìntimas bahìas emocionales.
Y luego es el regreso a las calles,con sus edificios y su tràfico cotidiano,como si nada hubiese pasado,como si la bala se hubiera perdido en el viento.
Pero la guardas en tu mano,que tiembla,como todo tu cuerpo,al pasar por el sitio dònde recibiste el tiro.
Y entonces,todo es tiempo de lluvias en esa ciudad que proyecta tragedias,almas despobladas y horas muertas,y se quisiera entonces ser nadie en esas pàginas del tiempo ido en hospitales y orillas solitarias.
Y se van conformando los actos en las paràbolas,y se entiende entonces,de pronto,que no se pertenece,que ese balazo te disparò al exilio,que nombrò los dìas en los que fuimos descartados de los pensamientos de algunos que creìamos leales,y tus ojos solitarios descubren la decadencia de los otoños y crece,como una llaga en tu corazòn,la singladura de ser extranjera,ahì y en cualquier otro lugar.
Isla cercada por una especie de fiebre que te hace recordar dìas tristes o azules de enero, pero que se volvieron rìos perdidos de noviembre. El tiempo como un peso de plomo en tu hombro y en tu juventud.
Y todo se vuelve distancia y no hay otra orilla en la noche que se abre a la evocaciòn de mitos,y sòlo se deambula por caminos de gàrgolas y rocas.Lejos,yèndose lejos de aquèllo que te hiriò,y tu corazòn parte en fuga,fatigado,buscando alivio en los pasos al olvido.
Pero los pasos duelen en la herida. Todo duele. Y mientras sufres eso,y el tiempo se desliza en los calendarios,oyes una estela de carcajadas. Si,pareciera que a alguièn le causas gracia,como si fueras una gallina torpe,herida,con la que un malèvolo niño juega,y mientras tu mides los dìas con el dolor fìsico y espiritual a flor de piel,el cruel se burla de ti,incesante sòlo por ocio o tedio,escudado por su gris corazòn.
Aunque el dolor llega a entumir tambièn los sentimientos: el dolor del cuerpo educa al alma,hay dolores intensos como el de un balazo y la intensiòn de matarte en otro ser humano,y hay dolores superficiales y pasajeros,como el del ejemplo de la gallina,que con darle una reprimenda al niñato abusivo,se olvidan pronto,pero es que a veces el dolor te deja con el corazòn tan a flor de piel,que hasta lo trivial se resiente triste...

Pero hablaba de los hèroes.

Esos seres que repasan como las luces de la estaciòn màs germinal,y su resplandor deshace las brumas de la noche profunda.
Esos que escuchan los oràculos,pero no quieren seguirlos y se plantan a tu lado,sin medir los dìas,ni pedir nada a cambio.
Esos,que bajan hacia el mar cuando la lluvia,al inicio del otoño,los empapa,y luego se refugian en los cafés soñolientos
recièn llegada la noche,sin dar tiempo a la tristeza.
Son los mismos personajes de novela,pero un poco màs romànticos y reales.

Todos pueden ser hèroes: la muchacha que llamò a la ambulancia,el empleado de la gasolinera que puso su mano en tu herida para contener la sangre,los paramèdicos que te daban el primer alivio y te sujetaban la mano,los mèdicos que salvaron tu vida y tu brazo...

El amigo que te peinò despuès de la cirujìa,la enfermera te daba palabras de ànimo y calmantes para el dolor,la señora que te llevò rosas,el hermano que no se separò ni un minuto de tu lecho,y los hermanos que viajaron medio mundo para venir a verte,el amigo que te contaba los chistes màs malos y bailaba rolitas de ska en el pasillo del hospital,sòlo para hacerte reir,y ese extraño con look de nazareno,que una tarde entrò a tu cuarto para sanarte y tambièn para jugar contigo un largo y magistral ajedrez,y que teniendo el mate en sus manos,sòlo por bondad,te diò el tablas...
Y todos los que expusieron su vida,sus trabajos,su casa por protegerte,sin pedir nada a cambio...

Hèroes valientes,leales,èticos,bondadosos,admirables.
Y es que me embelesan los hèroes.
Los cotidianos,los discretos,los solidarios,esos,los que en su dura soledad,tienen aùn la inmensa generosidad de darte un dulce regalo: la certeza de que existe lo bueno y lo puro en el corazòn del ser humano.

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