14.9.09

El blues de la muchacha y el mar...











Ansiosa ante la marejada,pero firme como faro,
con el cuerpo jòven,allí donde rompe la mar,
allí donde diluye su anhelo la tormenta,
en ese mismo límite la muchacha fuè la curva ola
que se lanza a sí misma.
Salía del duro sueño que se rompió en la roca
en la fina arista de su primer naufragio.

Era su nave nueva,era su sueño intacto.
Era un marinero abstracto
y ella un rosado peso: pétalo sin història.

Y ahora què?
Si el amor sólo existe en los bordes del beso.
Del sueño.Del mundo...
En ese mismo borde se detuvo de sùbito...
Le desnudaba el aire.
Por sus piernas subían suaves hilos rosados,
los senos le brillaron como pequeñas lunas.
Su voz era la muda
rugiente voz de todas las mujeres del mundo.
Alta,
en su guerra lleguò a pesar cuarenta y tres kilos.
Estuvo al borde de la càrcel,
al borde del quebranto,
al borde del arte,y del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde del azul,y de la fama,
al borde del amor,
al borde del mar,
y al borde del sueño:
Y fuè que tres palabras àgiles
cerraron la cruz abierta de su cuerpo.

Y al borde se le quedaron quietos
los breves pies errantes.
Sus brazos levantados
se aferraron apenas
a los astros maduros.

Nieblas, nubes de agua y filos de granizo,
sangre de estrellas rotas, harapos de los mares:
todo estaba caìdo ante sus ojos salados
al borde de despertar,
cuando unos raros pàjaros cantaron:

Amor para tus pies clavados.
Amor para secar la sal de tus ojos.
Sobre todo,amor para aquellos
que saben desenterrar un sueño
como caracolas de la arena.

El sol estaba triste porque el amor es eso
y no el filo traidor del viento en la rocalla.
Ahora escampa y una pequeña media luna
ilumina el cielo.
No fuè tan grave la borrasca.
Su carne joven, despierta,
y le es màs fácil flotar en el azul de la mar
y poner,despacio,los pies en la arena...

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