3.9.09

Los àngeles de mi jardìn....













A veces, en el rincòn del jardìn que da a la terracita
de mi alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un papagallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la casa, algún ángel me
seguía casi rozándome,su sonrisa y su traje, cotidianos:
se parecía a algún pariente, a algún hermano (pero,con aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
eran un número increíble,cualquier cantidad de ellos...
Otros eran diminutos como moscardas o violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no me infundían miedo,
hasta les dejaba un vasito de miel y un platito de aceitunas
en la ventana.
Pero el peor era uno
similar a un vampiro luminoso, granate, aterciopelado...
Se alimentaba de muchas especies y de sólo una.
Las buscaba en la noche, las encontraba, y se las bebìa,
gota a gota, rubí por rubí.
Mi alma le tenìa miedo y la suya tenìa audacia.
Era como un murcièlago risueño y grande,
con rizos largos, y mono celeste,
tambièn silbaba òperas en la nube.
Cuando bailaba,
un picaflor le rondaba por los largos cabellos.
El bramaba y lloraba y le lanzaba humo
(este àngel fuma lucièrnagas sin reposo).
A pesar de todo eso, su colibrì jamàs se detuvo...
Y eso que los àngeles son implacables,
tanto,que dan miedo...

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