3.9.09

Los lobos...



Los lobos rondaban la casa.
Los lobos siempre rondaron.
Siempre se me dijo que los lobos rondaban y siempre con pèsimas intensiones.
Parecían salir de los paraísos y el rosal.
Los lobos eran blancos y plateados.
Ellos eran muy bellos.
Los ojos como rendijas amarillas.
Y un broche brillante en el pecho entre aquel pelo arisco.
Los lobos entraron a la casa.
Corrimos,la abuela y yo, a esconder los floreritos de sal, de azúcar, de canela,los botones azules como gemas,las canicas,la colección de tacitas y mis listones de colores.

Y a traer el rojo amuleto gitano y las tirachinas,y a esconderse tras las queridísimas sábanas nevadas de la abuela.

Los lobos eran al mismo tiempo, presentes y posteriores,
y al mismo tiempo, visibles e invisibles.
Se oía el rumor de la leche que robaban, el clamor de la miel
y la carne seca que cortaban...
Tambièn se tragaron el piloncillo,los higos en miel,y los mastuerzos.
Llevaron hacia afuera a la abuela de peluche, la que tenía una
guía de rositas alrededor del corazón.
Y la comieron fríamente.
Como en un simulacro,porque la abuela verdadera,estaba en Barcelona.
Y -como si hubiese sido un simulacro- mamà entrò a la
casa y dijo:
-Los lobos rondaron siempre. Están delante de los paraísos y el rosal de la luna.
Y tomando un matamoscas,agregò:
-Los lobos están siempre al acecho y son sumamente peligrosos...pero todo tiene arreglo.

Mamà fuè entonces al rosal,y por detràs de la luna,se le aparecieron de pronto,esas extrañas bestias.
Eran en verdad una manada de seres tristes,casi inmòviles,que nunca salìan màs allà
de los rayitos de luna. Eran,al parecer,de otro mundo,porque el viento y la lluvia
les decoloraron lo plateado y lo blanco,y se volvieron verdes y grises cada vez màs.
Era de ver aquellas nieves de sus pieles,convertidas en algo como matorrales humedecidos,sacudidos por el matamoscas de mamà.
Luego llegò papà,con un leve rumor de pericos y de lirios,y rescatò y reparò a la abuela,y luego colgò unas campanitas de plata al rosal.
y esos lobos,asustados por el tintinear de las campanitas, se fueron para siempre...

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