18.9.09

Maga estelar...







Jugaba a esconderme entre los utensilios de cocina
como un extraño objeto metàlico màs en el follaje de ollas,sartenes y palanganas.

Mi pijama azul,mi lonchera con objetos escenciales y el papel estaño de los pasteles de mamà en un cedazo a guisa de casco,eran mi traje espacial de maga estelar cruzando las galaxias bajo los velos de los luceritos vespertinos,para recolectar en el tercer planeta azul azul,extrañas faunas.

Todo era anotado en mi bitàcora galàctica con detalle de sustancia yerta y dibujada en el papel de mi cuaderno que se levantaba y andaba,perdiendose solo en los armarios como un organismo destilado de mi corazòn genèticamente palpitante.

Los vestidos vacìos del roperito eran mis esclavos:cuando desobedecìan mis òrdenes interestelares,los decapitaba y los volvìa fantasmas.
Los pàjaritos y los grillos manejaban muy bien las telecomunicaciones y despistaban a la perseguidora con mensajes falsos de topacios errantes.

La perseguidora aparecìa en el tunel con orejas de liebre a cazar maripositas nocturnas,y era la enemiga con su disfraz de lluviosos andrajos usàndo efìmeras màscaras,advirtièndome en su idioma estridente que me saliera de su patio.

Un dìa me alcanzò la enemiga terrìcola,y me atenazò de miedos de adulto y me quitò mi gorrito de cedazo y mi antena de gancho de ropa,y fuè con mamà a advertirle que yo era extraña y que jugaba con los utencilios de cocina y que me comì dos de sus tomates y que vendrìan para mi dìas muy muy tristes en años venideros.Mamà me escondiò tras sus faldas y le dijo suavemente que mi guerra no era su asunto y que a mi no me gustaban los tomates verdes sòlo los rojos.

Luego la perseguidora se fuè deslizando su respiraciòn como por un vidrio frìo y su hocico de sombra quedò pegado algunas noches a mi ventana.

Cuando volviò papà del viaje,me trajo un disfraz de Cheetara,la de los Thudercats con todo y orejas,capa y antifaz, y una espada fosforecente y unas botas bublegomers azules voladoras,y me dijo "que la fuerza te acompañe".

Y entonces,con mis nuevas armas,fuì al patio de la enemiga y la retè con valentìa,como un insecto que se luce radiante entre las flores.

Pero la perseguidora habìa perdido sus llaves y confundido las puertas,sentada confundida en el quicio del desamparo.

Las magas galàcticas son buenas y ayudan hasta a sus propias enemigas metièndose por las ventanas interdimencionales para abrir las puertas desde dentro cuando las tontas pierden las llaves.

Por eso,esa tarde,salì victoriosa en esa dura batalla contra la enemiga,que entrò a su cuartel zumbando como robot en mal estado,y derrotada,me ofreciò unas galletitas que sabìan a guijarros,
pobrecilla,a lo màs por comer eso siempre parecìa enfadada.

En mi nave còsmica, mi mamà hacìa mucho màs ricas las galletas de pasitas,con sabor a chocolate,a lima,a naranja y con formas de ovnis y planetas...

Y al final,si tuvo cierta razòn la perseguidora: el tiempo se hizo muro y no pude volver, y por eso cuando bajo de las estrellas,llegan dìas sumamente tristes...

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