14.9.09

Las viejas y los viajantes...









Yo me ocultaba y mamà me perseguìa por toda la huerta para peinarme.
Pero no sobre la cama.
Pasaban largos ratos y ella no me encontraba.

Me escondìa bajo el balcòn de las viejas que se peinaban como diosas,sentadas en la cama,esperaban muy tranquilas a los viajeros,pero cada cabello que caìa sobre los edredones de lana,era algo asì como malaugurio para los maridos.
Pero las viejas no eran gitanas y no creìan en eso.

La viejas eran màs bien como diosas,y me gustaba acercarme a ver su ritual de peines,espejos y almohadones. Y asì pasaba la primavera hasta el otoño,y la madera seca crujìa,y ellas trenzaban sus cabellos de nieve,y aquellos que venìan viajando caminaban los inviernos con su dolor en el corazòn sin poder volver.

Ahora si te pones a pensarlo bien el hecho de que las viejas se estuvieran peinado como diosas,semirecostadas en la cama,tarde,a medio dìa,indicaba que no tenìan prisa por arreglarse,porque no esperaban que nadie regresara temprano.

Yo las miraba en mi escondite: veìa sus escasos cabellos sobre sus hombros enjutos y su rostro de leño,las viejas levantaban sus ojos cerrados hacia el cielo,y entonces brillaban al sol sus transparentes sienes con la red azulada de las duras venas,entre los largos mechones plateados.
Una vez,dos,tres,hasta cien,lo cepillaban,y vuelta a comenzar.
Luego se tejìan sus trenzas con esmero,humedeciendo sus manos flacas en una blanca palangana con agua de naranjo,heno de pravia,olìan rico,y por fìn,con peinetas y horquillas,sujetaban las trenzas en un chongo.
Pasaban largos ratos,y por fìn mamà me encontraba. Mamà decìa que debìa ser discreta y no mirar a las viejas peinarse como diosas,y que los viajantes tarde o temprano vuelven,un dìa vuelven,cuando es el tiempo de la vuelta,vuelven...
Mamà entonces me peinaba y yo me sentìa diosa. Y bulliciosa y alegre,escogìa el color del moño,para que papà me viera linda a su vuelta.

Pero las viejas no. Sus peinados elegantes de diosas,que tanto me gustaban,acababan siempre cubiertos por un pañuelo negro,y al atardecer,las cuatro salìan al camino,a esperar la vuelta de sus maridos,que nunca volvìan.

Papà si volvìa y nos ibamos de marcha a bailar huapangos.
Yo pensaba,para què peinarse tanto como diosas si sus viajantes no vuelven y ellas se quedan ahì,tan viejecitas y tristes,con su feo pañuelo negro en la cabeza,sin irse de marcha?

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