27.10.09

Fatiga angelical...


Me està preocupando ùltimamente el comportamiento de mi àngel de la guarda.
Hasta hace unos meses actuaba con eficacia y discreciòn.
Yo me sentìa protegida, aunque no notaba su presencia.

Ahora en cambio le noto hiperactivo, y con afàn de protagonismo. Peor aùn: insiste en protegerme tambièn psicològicamente, y me aconseja a todas horas que deje de pensar en generosidades estùpidas y que me preocupe por lo que realmente debe importarme,que es mi persona y punto,porque la sociedad es una cloaca y todo està corrompido,etc,etc,etc...A veces,le da por cantarme el tango "Cambalache"...
Y se ha esfumado su habitual alegrìa.

Ayer, sin ir màs lejos, dos tipos quisieron molestarme, y antes de darme tiempo a solucionar sola el problema, arremetiò contra ellos con una espada flamìgera y los fulminò allì mismo sin ninguna piedad.

Se està volvièndo sarcàstico,depresivo y peligrosamente exasperado.

Tal vez ya lo extenuè y padece fatiga laboral,o a lo màs,la edad ya le pesa,o necesita unas vacaciones...en fìn,mientras no renuncie y me deje a estas alturas del año sin àngel...
Y es que si,pobrecillo,pero deberìa de tomarse estos asuntos de mi guarda de modo màs leve,que no soy para tanto ...

Y un buen dìa,se cae la màscara...


Los hipócritas no tienen rostro, apenas el rictus maquillado con que ensamblar la pose, y la màscara como fachada para poder ocultar su verdadero y ruin espìritu y simular una apariencia humana.

No tienen amigos, sòlo tienen otros secuaces de embozos y emboscadas con quienes tramar complicidades y multiplicar sus trampas y sus beneficios.

No tienen sueños, pero si tienen las rodillas rotas de tanto otear el suelo, por la conveniencia a plazo fijo,y la pesadilla del espejo cuando el tiempo les cobre los olvidos.

No tienen màs que palabras gastadas, únicamente voces de artificio, registros de fogueo y mentiras con que acallar conciencias,maquinar coartadas y hacer trampas.

Los hipócritas no tienen vergüenza, la extraviaron delante de sus ojos el día en que aprendieron a ignorarla para humillarse a gusto.

Los hipócritas no tienen memoria ni conservan archivos de su infamia, pues para ellos no hay verdad que no deba mentirse ni mentira que no pueda afirmarse.

Los hipócritas no tienen amor, sólo miedos y cobardìas a que los descubran en sus trampas, y sólo espanto a que la muerte les lleguè,y reivindique el pulso de la Verdad...

Los hipócritas no tienen dios, les basta darse golpes en el pecho perjurando y prometiendo en su nombre con el temor de que alguna vez dios los oiga.

Los hipócritas no tienen pasado, se conforman con negar las evidencias y esconder sus páginas en blanco, siempre cautivos de la farsa urdida para conveniencia de sus mezquindades,viven en un perpetuo presente,como ebrios en una larga borrachera de mentiras y engaños.

Lo único que en una sociedad como la nuestra tienen los hipócritas es un efìmero triunfo de su engaño,un triunfo tramposo y sin rostro,sin amigos,sin sueños,sin memoria,sin vergûenza,sin dios y sin amor...

Y un buen dìa,a todo hipòcrita,le llega su miseria personal hasta las orejas,y eso le cortarà la borrachera,y entonces,en una mala cruda, pierde la màscara,y sin ella,lo perderà todo...



Condenada al infierno...



Una vez un catòlico traicionó a una atea,y como el sujeto se sentìa muy culposo,un día se lo confesó todo a ella, entonces el tìo se alivió y ya no se preocupò más, y se hizo bueno. A la mujer le dio mucho dolor esa confesión, sufría día y noche, y como era inocente y atea, no tenía nada qué confesar para aliviar su pena. Cuando èl reía, ella se mordía los labios. Cuando èl dormía tran­quilo, ella estaba despierta,herida, sufriendo, envilecién­dose con el dolor,pues èl le habìa enseñado a dejar de sentir amor para sentir odio...la sujeta entonces se llenò de rencor,imposibilitada para perdonar nada,amargando sus dìas,ante la impunidad del catòlico...y asì,ella que habìa sido pura y bondadosa,arruinò su espìritu por causa de ese sujeto corruptor de almas...
La noche en que murieron, el guadalupano culpable se fue al cielo, y la atea inocente se condenó al infierno...

Los locos...



Mirad a los locos, altos como ramas,
llenos de inmensidad y poderío;
mirad los altos cual soberbias llamas,
amenazando al cielo con su brío.

Como harapos ardientes y violentos
esparcen sus delirios y su anhelo.
Vedlos chocar su pecho con los vientos,
pobres guiñapos locos junto al cielo.

¡Ay, qué locura de abrasado vino
arde en su honda y más profunda vena!
y van raudos, tenaces, sin destino,
hijos del cielo, ciegos en la arena.

Fantasmas de la nada y del coraje,
dioses heridos, bellos, desgarrados,
que llenan de pavor todo el paisaje
con aullidos tremendos y abrasados.

Otras veces tranquilos, misteriosos,
llenos de humilde pena y de grandeza,
se agolpan contra el suelo silenciosos
y reposan en tierra su cabeza.

Si acarician la tierra dulcemente,
sienten allá en su alma enamorada
una mujer que besa tiernamente
su pobre frente loca y desolada.

Cuando su seca, marchitada boca
acercan a la piedra, enamorados,
¡qué soledad tremenda da la roca
a sus nobles sentidos desbordados!

¡Ay, pobres locos del amor, de anhelo,
de la nada simiente y alimento,
mitad tierra sin nadie, mitad cielo,
carne de Dios en la mitad del viento!

Rafael Morales


Deslealtad...

Si la lealtad es cosa de perros,
la deslealtad es asunto de cerdos,
que por tragar màs son capaces de comer
excrementos o devorar a sus propios colegas...


..Y asì fuè que vino la desfachatèz
y echó abajo la puerta
de todos los hipòcritas
silencios anteriores
-como si fuera una gracia-.
Yo tendí la mano
y tratè de anudar los hilos.
Tal vez no debì abrir
ni una rendija
a las vulgares mentiras
ni debì tender mi mano
a la alimaña:
Nunca fue posible
borrar aquel momento
en que la deslealtad
artera y por la espalda
-como si fuera una gracia-
me mostrò lo màs ruìn
de lo que se autonombra "humano"...