27.10.09

Condenada al infierno...



Una vez un catòlico traicionó a una atea,y como el sujeto se sentìa muy culposo,un día se lo confesó todo a ella, entonces el tìo se alivió y ya no se preocupò más, y se hizo bueno. A la mujer le dio mucho dolor esa confesión, sufría día y noche, y como era inocente y atea, no tenía nada qué confesar para aliviar su pena. Cuando èl reía, ella se mordía los labios. Cuando èl dormía tran­quilo, ella estaba despierta,herida, sufriendo, envilecién­dose con el dolor,pues èl le habìa enseñado a dejar de sentir amor para sentir odio...la sujeta entonces se llenò de rencor,imposibilitada para perdonar nada,amargando sus dìas,ante la impunidad del catòlico...y asì,ella que habìa sido pura y bondadosa,arruinò su espìritu por causa de ese sujeto corruptor de almas...
La noche en que murieron, el guadalupano culpable se fue al cielo, y la atea inocente se condenó al infierno...

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