26.11.09

La mujer del blues....







Janis rìe...quièn dijo que cantar es triste?



Janis... con sus gafas de cristal rosa y con el pelo en violencia enmarañada,Janis,ahogàndose de blues con una boa de plumas como buganvilias y moños y lazos, y un sombrero hecho del color del mundo,y mil collares de cuentas como armaduras,para proteger el corazòn blandito... Janis,sujeta al màstil de su micròfono,igual que una sirena de mascaròn de proa en su barco siguiendo otros cantos de las viejas y negras sirenas del blues...Janis,naciendo con la misma estrella de las reinas tràgicas,Ida Cox, Ma Rainey, Mammie Smith...grabando los primeros acetatos de los años veinte. Duras mujeres que en sus letras hablaban de los malos tratos, y que habían visto el doble sentido de cada cosa, y así cantaban al desamor...llorando,y llorando,Janis arrastrada por la guitarra nocturna,Janis,sus làgrimas de perla,levantando un vendabal de fuego... Esa guitarra,el cuello de botella, para inmolarse en el ùltimo acorde de vida... Janis,buceando en el dopaje del verano,y sobre las rosas en los viejos cuartos de hotel en los caminos. Janis, que ayer o mañana aparecerà inmortal en una bolsa de la morgue,y serà ya para siempre la niña kòsmica del blues,cantandole a todo el que quiera oirla desde el centro del corazòn azul y solitario de cada triste y vieja historia ìntima,o desde un blues para el adiòs en una estaciòn del tren-que pudiera estar en Ohio o en Alabama,o en el mismìsimo y polvoso infierno-mientras dos negros llevan el rìtmo de Janis,con unos sobrecitos de azùcar,y unas cucharas de peltre azul sobre los vasos sucios del bar...
Es Janis,sonriendo con un banjo bajo el brazo,jugando en los campos de algodòn,bluseando tambièn para los esclavos blancos. Janis,sibila solar y mensajera del Dios del Blues,que està en los cielos,y santificado sea su nombre... Janis, el ángel dopado que quiso ser cantante de blues. Y desde entonces navega por el Mississippi, como una triste muchacha palpitante,que desde la lejanìa de la muerte,blusea como otras niñas,que buscan en las noches solitarias,la dinastìa remota de las estrellas...


25.11.09

Perdiendo el tiempo...


No me digan que sigo siendo
una pobre muchacha
equivocada...
Que pierdo los dìas tejiendo nubes
y mis noches divagando lunas.


Lo sé,
y sé más cosas todavía.
Sé que he soñado tanto
que convertí en inútiles
las más puras verdades,
sé que inventé yo misma
los más altos obstáculos,
sé que la vida era otra cosa,
y sì,desde antes lo sospechaba...
Pero una nace a veces así, torpe
y desmesuradamente triste,
y todo cuanto toca
se le va convirtiendo en cenizas.
Porque yo tuve quince años
y aspiré a ser como un dios en la tierra.
Aspiré a dignificar a los hombres,
a enorgullecerme de mí misma.
Pero, ya pasó...
Todo cuanto pueda echarseme en cara,
hace mucho que yo me lo vengo repitiendo.
Extranjera en el mundo,
he contemplado la dicha de los otros
con una desesperanza indolente.

Escribo, pienso, leo...
Y de nuevo escribo pienso leo
traduzco veinte páginas
oigo el informativo
a Mozart
a Smowing band
o a Chopin
dependiendo del humor...
Y escribo
escribo
escribo mucho
y leo.
Y pienso:

Dónde estoy?
Cuàndo he muerto?
Soy otra?
Acaso es otra
la que va recobrando
su templanza su vestido su manera
la que ahora retoma
su vertical
su peso
su risa y su belleza
y se sale por la puerta entera y pura
y no busca saber
no necesita
y no quiere saber
opiniones de nadie.

Y tan es asì que aquí sigo,
perdiendo el tiempo,
con mi adolescente actitud de ávido hastío,
con mi lamentable corazón de muchacha
apasionadamente vivo.
Qué más da sentirse a veces desdichada
si apenas queda tiempo de llorarse?
Es tarde para rectificar toda una vida...
Y cuando necesito ahuyentar daños
y sanar heridas,
solo basta recordar aquèl dìa
en que un primer poema
me liberò del mundo y sus engaños...

Propòsitos...


Para mañana me he hecho varios propòsitos:

No dejarè que la pereza de escribir pueda conmigo, excepto si estoy cansada o no me apetece.
No me acercarè al agua si veo venir olas gigantes.
Darè a mis ojos una mirada de luz diamantina y a mi corazòn la blandura del barro,
tendrè boca de miel y hierbabuena,y brazos que acaricien el aire.
Dormirè a gusto por la noche y al amanecer volverè a cantar al estilo jilguero.
Vivirè y amarè y reirè sin que me pese el saber y el sentir y el darme cuenta,no quiero mirar ya el terrible otro lado de la moneda.
Contruirè todos los castillos de arena que quiera,y los amueblarè a mi regalada gana.
Quiero solamente,reir al sol sin que me duela el existir de balde,ni el sobrevivir con tanta muerte cerca.
No pedirè màs entrevistas con dios, pues ya se ve a que cosas dedica el muy cabròn su tiempo libre.
No dejarè tanto tiempo mi jardì­n desatendido,ni dejarè que me atrapen los vampiros, y los monstruos,fantasmas y esas cosas oscuras y dentadas que viven bajo mi cama y en los armarios...

Preguntas...




Y si ya nunca volvieramos al viejo paraíso donde nace la lluvia,
donde huelen a alfalfa cortinas y manteles...?

Y nunca volvieremos a medir la distancia
que queda entre las ramas del naranjo florecido.
Ni a remover la tierra perfumada,
ni a regar los maizales,
ni a pintar las ventanas,
ni a recoger el agua en cubos transparentes...?

Y si ya nunca viniera el frío
a llenarnos el pozo de zarzamora verde..?
Ni volviera la infancia a dejarnos en la boca
el sabor de otoño
de las almendras garapiñadas...?
Porque lo cierto es que asusta verse
las manos y el corazòn limpios
persiguiendo a tontas mariposas
de papel,o versos,y se teme
no haber puesto a salvo los juguetes,
y morder luego el polvo,
mientras nos preguntamos
estas cosas y otras como:
hacia donde vuelan las golondrinas del puerto,
y otras avecillas verdes,
en otoño...?

11.11.09

La fiesta prohibida...


Màs que una persona,era sòlo un estado de ànimo: si se decìa su nombre,una puerta se abrìa hacia alguna parte oscura,curiosamente,como en un laberinto.
Exigìa mucho respeto,pues se creìa perfecto,y sin carencias,sin pasado,sin materia,sin sustancia ni polvo,era demasiado gaseoso,casi como una mentira.
Tenìa la facultad de ser doble,con ese atributo de la milenaria hipocresìa,y mantenìa una cautela enorme cuando los demàs tenìan la tibieza de las confidencias:
èl no,èl se mantenìa en espectante silencio,cuidadoso,pues podrìa escapàrsele un gesto fatal,la màs mìnima equivocaciòn,y surgirìa la impertinente verdad. Ese era su secreto muy bien escondido.
Muy pocas veces,al verse en un espejo al paso,se asustaba al ver aparecer su verdadero rostro,que era tan impreciso,como la muerte de algo muy lindo,como el hueco de una fosa,como como cuando te asomas a una cloaca,era algo difuso,oscuro,nada que ver con el cuidado constante de su maquillaje,con la sòlidez de su personaje,con su planeadìsima puesta en escena cotidiana.
Era un manojo de estrategias bien diseñadas para hacer creer a los otros,ante cualquier signo imprerceptible de algo verdadero en èl,que sòlo eran juegos de sus imaginaciones,o sospechas infundadas,porque èl era un tìo tan mentirosamete irreprochable que tomaba como un agravio si alguno se llegaba a enterar de que era un farsante.

Una vez quiso acudir a esa fiesta que es legado de los dioses,con su careta de risa franca y un poco de delineador en el rabillo de sus ojos,como si fuera un vestigio de alguna làgrima emotiva y pura.
Lo sabìa desde el asombro de las palabras y el acontecer prodigioso de los sentimientos,lo supo desde el principio,cuando iniciò la turbia y densa espiral de irrealidades como un juego.

Desde su cubil,rompiò el prestigio inviolable de los sueños,y creyèndo merecer un alma virginal tallada en cristal vivo,llegò a la fiesta de la dicha perfecta:
Pero le fuè vedada y se le prohibiò la entrada.
Porque en las fiestas del alma no se admiten hipòcritas.

Gato de color paraguas...


Estaba azul el huerto esa mañana azul.
Era hermoso y yo lo amaba.
Sus ojos vinieron a mirarme
yo me creì sola pero estaba ahì
estirandose largamente como
en esta hora
oscura y áspera.
El amor
le arrancó Su mirada
a la muerte.
Llegò cuando una luz muriente declinaba.
Emprendieron el vuelo las gaviotas dejando
el lugar en su blanca belleza insostenible.
Luego expuso su cuerpo al aire.
Descendía
hasta la orilla un suelo de dragones dormidos
entre plantas que crecen por su recuerdo sólo.

Levantò con los bigotes el cristal de las aguas,
y contemplé su silencio y me adentré en mí misma.
Es hermoso este gato de color de paraguas
mojado por la lluvia.
Miro su desamparo en medio de la calle,
miro su islita negra de terror y de asombro.

Podría tocar la noche y su silencio
si acercase mi mano a su congoja,
sentir entre mis dedos la esperanza de alguien
o quizás a dios mismo
clamando en este gato,
en este miedo oscuro
en este gran olvido de los hombres...


Desdèn...



Gime, viento, rompe y arrasa, que también de ti
saco conciencia.
En tu furia
mido mis fuerzas. Dóblame si puedes, y túmbame,
mi sostén es de acero.
Yo estoy sobre la línea de las cosas
que no murieron nunca.
Mi raíz emerge
desde el primer asomo del comienzo,
y brota y ensancha, y fructifica, y siembra,
hasta el negado fin del infinito.
Brioso y perverso y desafiante y ciego,
no borrarás la luz de mi paisaje,
ni el aroma del tiempo que me quiere.
El canto de los pájaros
ha de prender corolas de colores, siempre,
y un recuerdo de nido
entibiará mis ramas.
La luna te cortará las carnes para verme.
Estoy sobre el regazo de la tierra,
bajo la cóncava mirada azul,
con mi sabida sangre,
a un murmullo
del agua.
Suéltate, desorbitado, atronador, deshecho,
por la ladera fácil,
a querer romperme los oídos;
yo escucho con el corazón.
Búscame, azota mi pensativa hora de preguntas,
castígame el silencio, enfríame las manos,
succióname la savia.
Fatigarás tu furia hasta que caigas.
Todos nosotros te derrotaremos; la gota de agua,
el anuncio del pájaro
sobre la primavera,
la sonrisa del niño, y la sencilla
calma de existencia.
Raíz de tempestad, barre las caídas hojas,
y la inclinada brotación de miedo.
Tu voluntad altiva de torcerme
no quebrará mi línea,
respiro con las cosas que no murieron nunca.
Soy de mí misma,
indestructible, mía,y en vertical esencia,
permanezco,
desdeñosa...

La miel de lo verdadero...



Cada vez que se ponìa una máscara para tapar la realidad, fingiendo ser lo que no era, lo hacìa para caerle bien al enjambre.
Hasta que descubriò que sòlo atraìa a otros enmasacarados como èl,alejando a los sinceros de rostros desnudos,debido a un estorbo: su màscara.
Usaba la màscara por miedo,como para evitar que los demàs descubrieran sus debilidades,para fingir el amor y la amistad,y claro,despuès descubrìa que los otros no lo querìan en realidad,pues no lo conocìan,y lo que en verdad estimaban,era a su màscara y no a èl,asì que si perdìa a un amigo o a un amor,pensaba que realmente no perdìa nada,porque ese amigo, era en realidad amigo de su màscara,y en lo que respecta al amor,la abeja reina le favorecìa esos juegos absurdos,puesto que ella tambièn usaba màscaras muy chics,y a ella le convenìa tener al zàngano aislado ,ya que cuando èl se sentìa desvalido y asustado, y sus màscaras no lo ocultaban del todo,de inmediato acudìa a la abeja reina a protejerse del mundo...


Èl creìa que no lastimaba a nadie: se ponìa la màscara para evitar ofender a alguien y podìa ser muy diplomàtico,pero luego se daba cuenta que lo que màs alejaba y ofendìa a los demàs era esa cortesìa hipòcrita de su màscara de zàngano decente que volaba con correcciòn y no se atrevìa ni a zumbar.
Se ponìa una màscara cada mañana,convencido que era lo mejor que podìa hacer para ser reconocido y aceptado por los demàs,suponiendo que con su màscara serìa amado y aceptado y le darìan algo de miel.
Pero no tardaba en descubrir la paradoja: Lo que màs deseaba lograr usando sus màscaras,era precisamente lo que impedìa con ellas,pues la miel se la negaba la abeja reina como medida de control y los demàs no se la daban porque no sabìan quien era realmente.

Una vez,harto de ser tan hipòcrita quiso ser sincero,y se quitò la màscara que siempre usaba y fue a verse el verdadero rostro en el reflejo del estanque: No habìa nada ahì...aterrado,le preguntò a una mariposita que pasaba por ahì,què que era lo que veìa en èl. La mariposita lo viò con detenimiento,y luego le dijo la verdad: "Veo que eres un bicho algo hipòcrita y mentiroso,que te traicionas a ti mismo..."
El abejorro se enfadò mucho al escuchar la verdad,y entonces,con toda la hombrìa que logrò juntar, diò un empujòn a la mariposita que cayò al estanque y la pobre,se ahogò. Y el zàngano,sin importarle eso, de inmediato se puso de nuevo su màscara preferida de moscardòn zumbòn y muy machìn,y como un tierno y buen zangamilote fuè a refugiarse al regazo de su amada reina abeja,y no volviò a hablar nunca màs con mariposillas tontas y castrantes,y se convirtiò en todo un señor zàngano casado y formal y muy varonil,gracias a los femeninos cuidados de su reina,y no volviò a salir de los abarazantes y maternales brazos de su amadisima y respetable abeja reina, jamàs,hasta que ,por fin,se le pudrieron sus varoniles alas entre tanto verdadero amor y pegostiosa miel...



Moraleja: La mariposita tuvo su merecido porque no es femenino ni glamoroso decir la amarga verdad jamàs.

Sencillamente una mujer...



Quiero dar la vuelta
de la flor contra el viento
o ser sencillamente
una mujer cualquiera
a quien salvò el demonio.

Ya tuve esta neblina
que pesa como montaña,
ya tuve esta amargura,
ya tuve este fantasma
y lo creì persona,
ya tuve casi el sueño,
y agonicè de pronto
sin cerrar la ventana
y me quedè dormida
con los ojos abiertos.
De acuerdo,
soy arrebatada,
sentimental,
vanidosa
y llena de deseo.
Qué esperaban?
Que tuviera ojos,
glàndulas,
cerebro,
veintiocho años
y que actuara
como el ciprès
de un cementerio?

Bien saben que respiro
apenas por milagro,
que estoy de adiòs radiante,
de hasta pronto
y no vuelvo.
A la esperanza,
a la madera
que construyò
mis días importantes,
a la extraviada primavera
de antes,
regreso.
A la vanidad de mirarlo todo
como si me perteneciera,
que a fin de cuentas
no hay un modo
de abandonar
el hambre de la fiera.
Dejen pues alzar
este rato de mùsica,
este paisaje breve
donde hago maromas,
esta ilusiòn que tiene
un imponente misterio...

Por primera vez
me pintarè los labios.
Les quitarè su sabor y su forma.
Porque quiero que rían,
disfrazados de fiesta.
Que brillen por las calles,
y me lleven de paseo
a donde no conozco.
A donde quiero
besar
con mi boca desnuda,
como cualquier mujer
joven y bella...

Amuleto gitano...


Contra el mal fario se debe hacer un talismán cañì:

Se necesita conjurar a un corazòn puro...
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazòn apenas, como un crisol de brasas para la idolatrìa.
Nada màs que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aùlle como nodriza loca y no lo deje dormir,
donde el viento y la lluvia hagan caer su làtigo en un golpe de azul escalofrìo sin convertirlo en màrmol y sin partirlo en dos.
Luego se pone donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurìas de lobos y no sienta miedo.
Arròjalo despuès desde lo alto de su amor al precipicio de la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,y escarba, escarba en èl con una aguja frìa hasta arrancar el ùltimo grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el colmillo feroz de la alimaña,
que lo envuelva la traiciòn hecha con los jirones de sus antiguas promesas.
Y cuando un día un año lo aprisione la garra de la soledad, antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la desolaciòn,
que clame su delirio en el desierto,
hasta que sòlo el eco de una palabra crezca en èl con la furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacìo.


Si sobrevive aùn, si ha llegado hasta aquì hecho a la viva imagen de su lealtad,he ahì que tendràs un talismán màs poderoso que cualquier arma o mala suerte.

Te protegerà de tus demonios y de tu sombra.

Pero guàrdalo en tu pecho igual que a un centinela. Vela por èl con la misma lealtad que èl te ha dado.
Porque si lo traicionas,si lo pierdes con engaños,si mientes en algùn conjuro,si lo rompes por torpe crueldad...ten cuidado,ya que el daño que causaste volverà a ti,triplemente acrecentado,y tu mal fario te seguirà negro y silencioso,como una serpiente de sombra,hasta en la muerte...


Un rayo...


Al tener miedo a odiar
logrè ver otra luz por las ventanas.
Las escamas de los sueños giraron
y el aire erosionò las mejores palabras
(Yo ya era hasta mala).
Mis ojos engañados de siempre,
se fatigaron de tanta fàbula:
Mentìa la nube,la luz mentìa.
El terco azul de mi ignorancia
puso en alas de fuego,
en mùsica,en gotas de luz y de ternura,
el engañoso rostro de la nada,
que ni siquiera alcanzò mi odio,
porque estàba màs abajo.
No fuè la tristeza por lo ajeno,
ni el dolor de las promesas incumplidas,
ni los ideales deshechos.
Fuè algo màs tremendo y màs grande,
algo que crecìa desde el tuètano de los huesos
y que quizà se llame vida.
Porque vivir es triste:
vivir es una daga que se lleva clavada en la espalda.
Duele abrir los ojos todas las mañanas
y encararse con las cosas que conozco y no entiendo.
Y duele dormirme todas las noches
y no haberme respondido a nada.
(...Porque nada tiene respuesta).

Pero han pasado algunas cosas:
Por lo pronto el tiempo va cosiendo mi mirada,
y un rayo ha perfumado ferozmente la casa.
Eso me ha causado sed y prisa
por golpear con el hueso de una flor
las tinieblas,
porque vì en en ese momento
que todos,
algùn dìa,
nos venimos abajo...

Sì:
Hay un àrbol quemado y posteriormente talado
en esta historia.
Contemplo el cielo pero no hay màs señales.
Es el amanecer o es el ocaso?

Murió la araña que vivìa en el àrbol y que medía el tiempo,
pero quedò sin daño el viejo muro:
El terco azul de mi ignorancia
Lo pintarà de nuevo y sembrarè
a su lado un pequeño saùco,
y nacerà,seguramente,
una nueva familia de sombras:
deseos,piedras,cielo a jirones,
aves huyendo.
Una nueva mañana,un rìo joven,
sin ira,sin daño.
Un mañana distinto,
sin colores falsos,
para poner mis àngeles,
para pasear por mis calles
y para sembrar un nuevo àrbol.
Ahora los rayos no me asustan tanto
porque la luz me alza.
Ahora ya no pueden confundirme con embustes:
Soy la inocencia recobrada.
Rìanse,
los dueños de las dagas en mi esplada...
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja...
ríanse de mi estupidèz
que ahora ya, a mí también,
esta historia tan chistosa,carajo,
me hace mucha gracia...