19.2.10

La vecina...





Cuando la vecina llamó al timbre para devolverle un calcetín caído del tendedero de su azotea,Manolo no diò importancia al asunto.

Dejò el calcetín en cualquier parte, regresò al sofá, continuò viendo los Teletubbies.

Al día siguiente, la vecina regresó, trayendo esta vez un calzoncillo. No le pareció nada del otro mundo. Abandonò la prenda en una silla, liò otro canuto.

Esa misma tarde, la vecina le devolvió una camiseta. A la noche trajo un pantalón. A primera hora de la mañana, unos zapatos.

Ahora sí, mi sobrino Manolo sospechò que algo extraño ocurría: los zapatos eran marrones y de piel y èl sòlo usa alpargatas convers...

No le diò tiempo a pensar mucho en ello, pues a los pocos minutos la vecina volvió, esta vez con un jersey de lana bastante feo, un mono de mecánico, un tricornio, una estola de aztrakàn con su manguito tipo ruso, y una capa de tuno de estudiantina repleta de listones coloridos...

Extrañòle.
Aceptò las prendas, diò las gracias, cerrò la puerta.

Poco a poco fuè recopilando todo aquello que a la buena de la vecina se le ocurría introducir en su casa.
El espacio habitable de su hogar fue reduciéndose, por todas partes se veían prendas amontonadas.
Llegó el momento en que no se atreviò a encender la cocinilla por miedo a prender fuego a la vivienda.

Ahora, mientras lee esto, oye llamar a la puerta. Será la vecina. Quisiera abrir y decirle, "Por favor, no traiga más ropa, la situación comienza a ser desesperada, llevo más de un mes buscando mi cepillo de dientes..."

Quisiera abrir, sí, pero Manolo no ve la manera de abrirse camino entre tanto trapo,para llegar hasta la puerta...

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