19.2.10

Para llorar...


La cebolla no paraba de sonreir.
Ni siquiera mientras la apuñalaba y la cortaba a juliana.
Por ello estuve una tarde sin parar de llorar.
Al principio por su jugo que me saltaba a los ojos, luego por todo lo que dije, después por todo lo que callé...

Día tras día, verdulería tras verdulería, supermercados, badulakes y chiringuitos...
No encuentro, no hay más cebollas sonrientes.

Y mira que lloré y lo de poco que me supo.
Necesitaría,mínimo, diez cebollas sonrientes más para llorar todo lo que me falta, todo lo que me sobra, todas las espaldas que no acaricié,todas las mentiras que me creì, todos los sitios a los que no fui, todas las veces que aparté la mirada, todos los cuentos que ya no escribo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario