19.2.10

Tango...


(...Un sujeto de aspecto salvaje aborda mi casa y, machete en mano, me exige con voz rasposa y cruel,que escriba un cuento de traiciones.Lo ignoro y, según suelo hacer los domingos, escribo esta sencilla historia de amor...)

Ella canta un tango sobre las noches solitarias que se le han vuelto largas conversaciones con estrellas.
El hombre que le compra flores
y se las guarda en el bolsillo del corazòn
después de dedicárselas
le recomienda serenidad
ante sus síntomas y sus pérdidas.
El confunde su voz oceànica con algún río
y su corazón sideral con la aldea de enfrente
de tan sencillo
y cuando se ha asegurado de que ella
se recuerde la hora del regreso
y que sepa que siempre es bienvenida,
y que deje de buscar en su maleta
flores, animalitos de mil colores,
y corazones de papel,
que son los que a ella le importan,
le pide que vuelva a calzarse
sus cómodos zapatos rojos
y venga con èl al puerto
a buscar juntos un buen lugar para comer,
y para bailar,
y para que la triste vida de ellos dos
no eche raìces en el patetismo
de un viejo bandoleòn...


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