21.3.10

El maligno demonio del sapo rojo...


El Sensei y su discìpula Asumpta Gramàtica estaban enojados el uno con el otro.
El dìa del Dragòn Dorado,por la tarde,el Sensei fuè a visitar a su alumna.
Al llegar a su casa,sintiò el aroma de las flores del àrbol del cerezo y mirò el desliz de las grullas en el horizonte y comprendiò que todas las criaturas terrenales tienen sed de auroras.
Luego de esa meditaciòn,tocò la puerta de la casa de su discìpula.

Asumpta que hacìa sus ejercicios de Tai chi,poseìda por "El Maligno Demonio del Pequeño Sapo Rojo Sentado en la Sagrada Nariz del Budha",preguntò desconfiada:
-Quièn es?
-Yo-dijo el Sensei lacònicamente.
-No hay nadie-, contestò Asumpta,presa del chi del rencor, al reconocer la voz de su Sensei.

El Sensei se tomò un rato para entender ese koan y abrevar de su sabidurìa.
Por fìn,cuando las grullas venìan de regreso de beberse las auroras del horizonte,y el àrbol del cerezo ya echaba sus primeros frutos,el Sensei dijo con uno como destello de entendimiento y alegrìa:

-Què bueno que no haya nadie, porque yo tampoco vine...!

Entoces fuè que Asumpta abriò su puerta,y le diò el alegre saludo del "Noqueno de la Garra del Dragoncillo Sagrado" a su Sensei,al notar que,por fin,el Maestro habìa matado su autoestimado ego...

Rollitos de Primavera...





El primer dìa de la Primavera,el Maestro Sensei,que habìa fundado la Orden de los Saltamontes Incrédulos, jugaba ajedrez con su discípula Asumpta Gramàtica,cuando el sol de la mañana se puso dorado, y de las nubes empezaron a llover flores. Confusa la discípula quiso saber de qué se trataba aquel fenómeno.
El Sensei respondió que era un eclipse revertido, que es cuando la luna pasa por detràs del sol,suceso raro y portentoso,y lo de las flores lo explicò como cosas de la naturaleza, al fin y al cabo.

Minutos más tarde un unicornio cargado de ciruelas y fresas,pasó trotando junto a ellos. Adelantándose a cualquier pregunta, el Sensei comentó a Asumpta que, en la comarca,cuando se mezclaban la pureza y la libertad como la sal y el agua en la mar,sucedìan ciertas anomalìas agropecuarias.

Seguían compenetrados en su juego, cuando uno de los pequeños àngeles de jade de la fuente en el parque,cobrò vida y se transformó en un regordete tigre verde que se devoró, saboreàndolas despacio,cada una de las piezas de ajedrez que ya habìan sido sacadas del tablero. Cuando se le terminaron,el tigre quisò seguir comiendo y cometiò el error de apañarse la torre del Sensei que se disponìa a enrocarse. Entonces el maestro,de un sòlo y àgil movimiento de jiu jitsu,tomò al tigre de jade por el pescuezo,y al ver que el animalejo se transformaba en un enorme apio con alas similares a las del dragòn del arroz,dijo con prudencia:

-Querida Asumpta, creo que deberemos rendirnos ante semejante evidencia. Cuando una disputa mental tan singular como ésta da señales de desquicio, hay que abandonarla para ir a comer-dijo el maestro, aferrando al enorme apio, que se resistiò como un valiente,cuando el Sensei lo hizo rollitos con tofù,arroz y soya,y tanto rindiò que el Sensei hizo con los restos del apio-tigre, un sabroso tepanyaki para la cena.

Al día siguiente maestro y alumna estaban en el mismo sitio,eructando apio y rollitos primavera,y jugando concentrados,pero ahora ambos tenìan la firme certeza de que juntos podrìan volar...aunque lo extraño era que aùn no hubiesen conversado nada de ese tema,siendo que ambos gustaban mucho de esos rollitos ...

Su risa...



Tal parece, que antes de rayar el día de la vida
usted estaba en pie bajo una cascada de felices sueños,
llenando con una líquida y purìsima turbulencia su sangre.

O, tal vez, su senda iba por el jardìn de los dioses,
y la alegre multitud de jazmines, caidas de agua y adelfas nacìan en su boca a montones y, entràndose en su corazòn,se hacían algarabìa allí.

Tal parece que su risa es una canciòn alegre,cuyas palabras se ahogan en un rapto de gracia de un ventarròn de azùcar verde,o de diminutos relàmpagos de alegrìa,o quizà de tornados aromados de flores nunca vistas.

Tal parece que algo como la luz de la luna rompiera a través de la ventana de sus labios, cuando la luna está escondièndose en su corazón.

No hay razones y olvidè su motivo...

Pero tal parece que su risa es el tumulto de la vida en rebeliòn.

Renacièndome a la mar...





Nunca amargòme la mar,
pues acompasòme
con la hora que,
involuntaria y cruel,
trasmutòme agolondrinada.
Sorprendiòme la mar
con su cambiantes mareas,
las borrascas matutinas,
luego la niebla mortecina,
y al anochecer una luna pacìfica.
Ahora rìome
de los antológicos traspiès
del mínimo comùn nominador,
y de todo ese trafalgar
en que un traidor se anega.

Y prèmiome
con recordar que siempre
huì de él como de un cepo.

Pùseme al margen
como caracola sobre la arena,
y asistìme a una desiluciòn
como cantàndome una oda salobre.

Menoscabòme en vano
ya que abrogòme voluntades
y refrendòme cataclismos,
acompañòme sòlo la soledad
con sartas de lijosas mentiras
y regàlòme rìspidas quimeras
remansàndome en un tornado
viscoso de vientos àsperos y frìos.
Cambiòme el mustio engaño.
Y fuìme de lo ceñido a lo basto
desde lo opaco a la centella
Y despertòme la mar un sueño libre
que ofreciome luz y sal de medicina
y sin morirme una hora tras otra
curòme con càlidas brisas,
y volviòme a acunar cada noche,
y volòme de lo distinto a lo idéntico
y admiròme sin miradores ni sótanos
navegàndomede risas y misterios marinos
peregrinàndome hacia un alma diferida
y preparàndome a un milagro entre la sombra,
asì matòme la làgrima en el escosor
de todo lo que sùpome decadente.
Cambiòme entonces tanto el destino
que hoy està renacièndome
en el pecho un sol de primavera
y va empapàndome la mar de nueva vida...

Lobos idos...




Languidecen de tedio:
saciados y aburridos
astillan sin gana
los huesos profanados
de la vìctima reciente.

Eructos...Bostezos...

Ebrios de carne
los lobos muestran
la debilidad del cazador ahìto
pasajeramente somniforme.

El tormento es el insomnio
y el vacìo existencial que deja
la necesidad cumplida
hasta el hartazgo.

Los lobos rondan el casco viejo
para una siesta.
Màs no se atreven.
Nada les indica que las ruinas
estàn vacìas.
Los lobos se largan de inmediato
cuando sale un payès echando tiros
desde un chabolito.

Nerviosos los borregos.

Los lobos,
idos.

Mujer àrbol...

Bordadora
de luceros
se prendiò al fuego del deseo
con un sùbito destello azul
frente a sus senos:
Se tendiò en la red del atrapasueños.
Acaso el amor mìstico brotò
de la contemplaciòn de las estrellas...

No imaginaba a los grillos
entonando cantos nuevos.
Desconocìa el hondo secreto
de Los Antiguos.
Descubriò
en la naturaleza que el secreto
de la vida està en la tierra.
Los troncos esconden cosas nuevas.
Que detràs de la muerte
està la primavera.
Secretos de alboradas
alegrìas, esperanzas.
Ansias de ruiseñor.
La tristeza fue la guìa.
Tìmidamente probò suerte
con el brillo del sol.
Hallò en las raìces a la disposiciòn.
Empezò a nutrirse de nubes, de trinos.
La esperanza como savia
invadiò todas sus hojas.
Asì,la Mujer Árbol
creciò bajo el cielo.
Y sus ramas abrazaron
la vida
y el misterio
a medio bosque
el sol fuè màs sol
y su corazòn le brillò
y su sombra fuè màs clara
y su risa fuè la hoguera de la casa
y su fruto fuè un cuerpo de deseo
que llovizna amor dìa y noche.
Y la Mujer Àrbol,
desde sus ojos
derramò su alma...

19.3.10

Cuando las hadas lloran...







Cuando las hadas lloran, no lo hacen como los humanos.
El llanto de las hadas no se evapora en el aire.
Porque ellas,que se prohiben sufrir,sòlo lloran de alegrìa,o conmovidas por la belleza, y por eso sus làgrimas se convierten en diminutas gotas de rocìo.
Un rocìo màgico que ama a las plantas con un amor humilde. Sean la brizna de hierba que cantò Neruda, o el roble gigante que asombrò a Machado, las plantas son un prodigio ante el cual las hadas quedan en en silencio, reverentes, como los humanos ante una majestuosa catedral.
Ellas reciben todas las lecciones de sus hermanos los vegetales... Por eso los duendes y las hadas no necesitan correr como las personas:pueden volar,si,pero prefieren, sin moverse de su lugar, hacer el bien,como las plantas. Y son calladas,igual que las flores y los àrboles,que ni siquiera se quejan cuando los hiere el rayo divino o el hacha de los hombres.
Por eso,las hadas,ya sean pequeñas como la hoja màs pequeña, o grandes como el arbusto màs grande, emulan las virtudes de las plantas, y como esas criaturas amorosas hechas de tierra y luz de sol-sin prisas y sin ruido- saben dar sus làgrimas a la flor,a la sombra,al fruto, sin esperar otra cosa que lo que ellas esperan: retornar otra vez,cumplida la jornada, a la tierra y a la luz...

Sàndalo...


No conocía la madera de sándalo, pero había escuchado mucho sobre su belleza aromada. Nació así en él un fuerte deseo por conocer esa clase de madera tan ponderada y entonces decidió escribir a sus mejores amigos para pedirles un pedazo de esa clase de madera.
De este modo, escribió numerosas cartas y en todas ellas hacía la misma petición: "Querido Perenganito de tal,por favor, enviame madera de sándalo"...o "Sultanita,si fueras tan gentil,de tu viaje trame de recuerdo un trocito de madera de sàndalo..."
Y nada,nadie...
Hasta que un día, de repente,escribiendo su ùltimo mensaje, descubrió que el lápiz con el que llevaba meses escribiendo aquellas cartas era precisamente de olorosa madera de sándalo...


El Maestro y la rosa zen...



Un dìa los discìpulos del Sensei se reunieron para oìr su sermòn sobre la naturaleza de las flores.
Pero èl no dijo una palabra.
Se inclinò, tomò una flor del rosal y la sostuvo entre sus dedos para que todos la vieran.

La asamblea permaneciò muda de estupor mucho tiempo viendo la pequeña rosa.
Tan sòlo una,la dìscipula Asumpta Gramàtica, entre todos los presentes, mostrò con un imperseptible brillo en su mirada, que comprendìa el profundo mensaje del Sensei...

El Coco y la Cocotrìz...


Prieto cambujo, caricarizo, tontodelculo y con bigotes de sobaco de chango...
Así era el Coco que salìa de debajo de las camas para jalarnos las patas.
De todos, yo era la más nerviosa, la más asustadiza.
Mi mamà regañaba a los chamacos: "No me anden espantando a m’ija", les decía. "El Coco no existe".
Pero yo les creía más a ellos porque traìan los pelos del Coco en la mano. Siempre les creí más a ellos,porque en el fondo todos sabìamos que esos chamacos,eran,nada màs y nada menos,que los hijos del Coco. El Coco se aparecía en las tardes, atraído por el aborregado olor de la avena con leche que hacìa mamà para la merienda y era perverso, despiadado con las gallinas a las que se comìa como botanitas. Cazaba niñas y se las llevaba a su mujer, la Cocotriz, para que ella las guisara en salsa de chile verde. El Coco tenía manos grandes y duras. Vestía overol de mezclilla y un gorro de estambre negro y caminaba con tenis Puma para no hacer ruido. A la espalda cargaba su costal, junto con el cuchillo cebollero. A veces, para despistar o para matar el hambre mientras agarraba algo, traía las bolsas del pantalón llenas de cacahuates. Gracias a su ubicuidad, el Coco acechaba en todos los rincones oscuros: en las viviendas de los temporeros,en las ruinas de la rancheria que se derrumbaba lentamente sobre la falda oscura de la Sierra,o en el camposanto viejo del pueblo,que ya no se podía enterrar a nadie ahì porque estaba lleno, o medraba el Coco en las azotea de la iglesia,o en los roperos ajenos. De noche, sus dominios se extendían a la vieja escalera de piedra y al patio del fondo, donde se tendía la ropa.
Por supuesto, en cualquiera de estos sitios podía ser conjurado, ya fuera apretando los ojos o, en los casos más graves, haciendo con los dedos la señal de la cruz y diciendo siete veces "dios en mi coco en ti la sangre de cristo se apiade de mi". Pero donde sí era señor absoluto era en los màrgenes del rìo. De noche le pertenecían por completo y papà tenìa que echar tiros para asustarlo y que no se metiera a la huerta a fumarse su marihuana..
En ocasiones, cuando no andaba muy ocupado comiendo niños, atendía un puesto de tiliches en la plaza de Victoria. Era desobligado, y cuando se emborrachaba le pegaba a la Cocotriz,hasta que un dìa la pobrecilla no soportò màs,y tomòlo por los pelos y a patadas lo echò del pueblo y luego ella se fuè Laredo y se consiguiò otro marido igual de impresentable, pero gringo y que le adoptò a los coquitos...
Esto me lo contó mi hermano, que nunca le tuvo miedo al Coco...


Sana y salva...


Paseo por la calle y me doy cuenta de que me he quedado en casa haciendo la colada. Por lo cual, regreso a por mí misma. Al cruzar la calle, por poco y me arrolla un auto. Coño!...qué hubiera pasado si me alcanza a golpear? seguramente no hubiera podido regresar a por mí misma y estaría muerta y la colada a medias... Por eso,cuando me veo llegar sana y salva, termino la colada,y respiro con alivio...

Morenita mìa...


La niña resistió hasta el último momento, pero tiritaba de frío y quería seguir viendo a la Virgen de Guadalupe ese 15 de septiembre.
Puso fuego a la única lucecita de bengala que le quedaba y se cerraron sus ojos: en ese justo momento la explosión nuclear destruyó la Ciudad, calcinando a los millones de indiferentes habitantes.

Ambas, muy juntas, se alejaron levitando entre las ruinas, inmunes a la radioactividad...

—Me las hubieran comprado todas, verdad, virgencita? —aseveró la inocente vendedora.

—Claro que sí, mi'jita, pero no te aflijas y reposa en mi manto,porque ya me los chinguè a todos por ojetes—contestó La Morenita, apretando con fuerza la mano de la niña...

Buscando centauros...



No es fácil perseguir centauros.
Como ya nadie cree en ellos, se debe preguntar con sutileza, en forma indirecta:
-Ha visto usted pasar por aquí a un hermoso potro negro con manchas blancas? –o bien:
-Ha visto usted pasar por aquí a un tìo muy guapo de cabellos ensortijados y arrogancia en su frente,al correr contra al viento?
La respuesta nunca será un sí rotundo y, las más de las veces, será negativa.
Sin embargo, muy de tanto en tanto, cuando se estè a punto de abandonar la búsqueda y, desilusionada, se vaya a emprender el retorno,la interlocutora ocasional en algún pueblito poco frecuentado se quedará en silencio frente a nosotras, con la mirada iluminada y distante, definitivamente enamorada, con una gota de rocío a modo de beso en la mejilla e incapaz de pronunciar palabra alguna.

Entonces sabremos que vamos por el camino correcto.


El lagarto perdido...



Atrapar al estúpido lagarto de los tres ojos azules y boquita anaranjada,se convirtió en lo más complicado.
Algo mucho más difícil que capturar al caballo, al burro, a la oveja o incluso al lobo o al león. Fuè imposible,y al tercer día, con el cielo nublado y el diluvio por venir, me dí por vencida... dios lo quiso así.
Cerré la puerta del arca,me echè a la mar, y lo di por extinguido.

Entre candilejas...









Las tomas son totalmente mediocres,aùn cuando el guiòn parecìa bueno y los actores intenten inùtilmente ser héroes,va el tiempo marcando estrías en las secuencias,y va apagando una a una las luces y entonces la banda sonora se interrumpe...Sensación de pantalla desgarrada en el corazòn y la insuficiencia de siempre en el vivir.
Qué frágil la película de nuestra realidad que intentamos rodar en esas horas amargas, como una sesión privada y clandestina en la pantalla interna de los párpados. Un insípido tono pudoroso de noche americana en las irisaciones del deseo,y ni siquiera el sentir matizado del pasado indoloro nos acude.Pero hay un sueño de gabardinas por calles satinadas de humedad,y labios muy densos, casi negros desde la sala. Y la juventud,tinta de celuloide erosionado,hace de un guión mediocre,con problemas de doblaje,una cinta desesperada...Y es entonces que un bellìsimo hombre abandona el viejo cartel y entra a la sala del cine. Camina por el pasillo central. Lleno de asombro observa que su silueta no se recorta sobre la pantalla.
Durante la escena de las explosiones, asustado, se oculta tras una butaca. Saca la cabeza y mira hacia los lados. Del suelo recoge dos palomitas de maíz que coloca en sus orejas. Se incorpora para observar la balacera, tapando, de hito en hito, su cara con los brazos. Permanece absorto unos minutos. Mueve su pequeño y tupido bigote, gira sobre sus talones,juguetea girando su bastòn en el aire y se enfila hacia la salida. Con el frac raído, su bombín sobre el pecho y el bastón en la mano, va decidido a guardar un milenio de silencio ...
En la toma final el del bombìn y su bella novia,muy enamorados se besan en la boca, junto a las vìas del tren...Un comelucas los observa: sonrìe enternecido,y se come a Lucas.
Y nos vamos a oscuro...

3.3.10

Vèrtigo blanco...


Estoy sentada junto al rìo,
y juego con una rama seca
mientras un perfume de vèrtigo blanco y lunero me marea:
es un suceso banal
que no pasará a la historia.
No son batallas ni pactos
cuyas causas se investigan,
ni ningún tiranicidio
digno de ser recordado.
Y sin embargo estoy sentada
junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
tengo que haber venido
de algún lado y antes
haber estado en muchos otros sitios,
tal vez mi ausencia fuè silenciandose
en un baile de escarcha.
Pero tampoco conviene dramatizar las cosas.

(O sea, que no estoy tan mal.
Porque yo podré ser de vez en cuando un eclipse.
Pero nunca
un eclipse sin sangre de luz...)

El instante más fugaz
también tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su marzo antes de abril...
y el nardo tiene un tallo fino
pero que tambièn echó raíces.
Y no fue ayer cuando el perfume de la flor
se formó entre los minerales de la tierra.
Y el río fluye desde hace siglos,
y el viento, para disipar las nubes
antes tuvo que traerlas.
No sólo la mentira
medra en el silencio.
Ni sólo a la muerte
sigue un séquito de causas.
Y pueden ser redondas
no sólo las joyas de la corona,
sino también las piedras solemnes de la orilla.
Complejo y denso es el bordado
de las circunstancias.
Tejido de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la tierra.
Diseño de olas verdes
en el que se enhebra un tallo.
Un tallo de perfumado nardo.
Por alguna causa yo estoy aquí
y lo miro y lo huelo.
Sobre mi cabeza una mariposa blanca
aletea en el aire y tambièn lo huele
con unas alas que son solamente suyas,
y su sombra sobrevuela el nardo,
no otra, no la de cualquiera,
sino su propia sombra.
Ante una visión así,
siempre pierdo la certeza
de que lo importante
es más importante
que lo insignificante...


La muchacha dragòn...





Aquella noche, bajo el plenilunio chino, el emperador caminaba en la oscuridad por el jardìn de su palacio, bajo los cerezos en flor. De pronto,el emperador pudo ver bajo la pàlida luz nocturna lo que a primera vista creyò una hermosa mujer de la que se enamorò por su suave belleza:pero la muchacha le asegurò que ella era un dragòn y que los astros le habìan revelado que al dìa siguiente, antes de la caìda de la noche, Wei Lu, la concubina del emperador, le cortarìa la cabeza. Entonces, el emperador,prometiendo por su honor, jurò a la dama-dragòn,amarla y protegerla...

Al despertarse, el emperador mandò buscar a su concubina Wei Lu y la mantuvo ocupada, trabajando en las màs diversas tareas del palacio durante el dìa entero, para que no matara al muchacha-dragòn, pero el emperador padecìa de mala memoria,y ya para el atardecer copulò con su concubina. Luego, el emperador,aburrido,se quedò dormido.
Al ocaso,un tràgico estruendo conmoviò la tierra.
Poco despuès irrumpieron dos capitanes, que traìan una inmensa cabeza de dragòn empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:
-Cayò del cielo.
Wei Lu, lo mirò complacida y dijo al emperador: "He querido matar a este dragòn y darte su cabeza como un regalo..."
El emperador se alegrò del regalo olvidado de su promesa,y fuè en ese momento que la cabeza del dragòn se convirtiò en polvo traslùcido,del que nacieron ocho mil diminutas golondrinas que volaron fugaces a Manchuria.
Y entonces en El Tao de los Destinos, quedò escrito que el corazòn de aquèl emperador fuè de vulgar terracota y por ello jamàs alcanzò la inmortalidad...


Porque somos tan pobres...



Porque sentimos frío acercamos las manos
al calor de unos seres imposibles y bellos
que nos prestan sus ojos para observar el mundo.
Porque tenemos miedo miramos otras muertes
y en nuestra oscuridad encendemos un sol
de mediodía, inmóvil, que no se irá al ocaso.
Porque huìmos del dolor fatigamos el cuerpo
por calles de ciudades que nunca son la nuestra
de la mano de gentes que hieren y mienten.
Porque tenemos prisa inventamos finales.
Porque nos falta amor inventamos el canto.
Porque somos tan pobres no nos pesa apostar
lo poco que nos queda a un número incierto.
Y porque estamos tan solos,
y tan heridos
es que empezamos a cantar algùn verso...

Medicina...


Estoy en lista de espera para un análisis de amargura.
Aprovecharé también para que me revisen las expectativas.
Ya puestos, mira, que lo curen todo:
que operen ese dolor de cerebro que gusta de llenarme de pesar,que me drenen el hìgado que me trae algo irritable,y sobre todo, que cosan bien la herida
por la traiciòn
de un mal amigo que me desangra.

Es màs,necesito que me hagan un trasplante de alborozo.

Hoy requiero una transfusión urgente de ganas de vivir,
de vivir,aunque sea un poquito,
con un corazòn inyectado de miel y risa...

El bichito verde...


Estaba en algunas pàginas de algunos libros de la biblioteca, siempre en el extremo superior derecho:parecìa saltar,traviezo y burlòn, un pequeño bichito caligrafiado en tinta verde. Y en la misma pàgina, una sola palabra subrayada. Ella lo descubriò una tarde en que limpiaba su biblioteca. Y hallò que el signo estaba en muchos libros, incluso en volùmenes prestados. Y notò lo màs extraño: Cuando la pàgina de algùn libro tenìa un pàrrafo hermoso,o un verso sublime,o un texto verdaderamente encantador,ahi estaba el bichito como hechizando con alguna magia ignota tal libro... Entonces ella fuè recorriendo metòdicamente todas las estanterìas de su casa,y luego los libreros en casa de sus amigos y conocidos,recopilando libros,en una lista que no dejaba de crecer,buscando el bichito que,supuso despuès,era el que mezclaba las palabras,creando ilusiones y esperanzas. Una vez,despuès de que pasaran muchas semanas sin que ella encontrara algùn libro con el bichito caligrafiado en tinta verde,fatigada y triste,creyò que su esfuerzo de volver a encontrar a ese pequeño bichito en los libros estaba condenado a la desilusiòn, notò a alguien que tenìa una pequeñìsima mancha de tinta verde en los dedos.
Entonces decidiò seguirlo y espiarlo:
Era èl, algo despistado,que se acercaba a los libreros como si tal cosa,como necesitando leer un libro cualquiera,que tomaba prestado,y leìa atento...y entonces,cuando gozaba una palabra,o leìa algo hermoso o fascinante en el libro,por no olvidarlo,le dibujaba con su pluma un bichito verde a la pàgina...

El come-gatos...



Un ratoncillo de biblioteca fue a visitar a sus primos, que vivían en el campo.
- Ustedes son ignorantes,seguro ni siquiera saben leer... -les decía a sus tímidos parientes,- Por ejemplo, alguno de ustedes ha comido alguna vez un gato?

- Jamàs!- musitaban asombrados sus rùsticos primos-Oh, cuántas cosas sabes! Aquí son los gatos los que se comen a los ratones.
- Pues yo he comido más de uno y les aseguro ni siquiera se quejaron con algùn miau...-presumìa el ratonzuelo urbano.
- Y a qué saben los gatos?-preguntaban los campesinos alelados...
- A papel y a tinta en mi opinión.-respondìa doctamente el citadino- Pero eso no es nada...Se han comido alguna vez un lobo?
- Pero còmo un lobo! No es posible!-chillaban los ratoncillos impactados.
- Pues yo me comí uno ayer precisamente. Un lobo enorme. Tenía un colmillo blanco...-afirmaba presuntuoso el ratonzuelo- Ese salvajazo de Alaska se dejó comer muy quietecito y ni siquiera dijo un solo "Ay!"...
- Y a qué sabía?
- A nada sobresaliente-cortaba el docto roedor- Y un dragòn...lo han probado alguna vez?
- Oh, cuántas cosas sabes! Pero nosotros ni siquiera hemos visto nunca un dragòn...Se parece al queso serrano,al de canasta o al añejo?
- Un dragòn se parece a un dragòn, nada màs. Y por aqui han comido un elefante, un fraile, una princesa, un submarino...?
Su pregunta no tuvo respuesta porque en aquel justo momento el gato, que había estado escuchando detrás de un baúl, saltó con un maullido amenazador. Era un gato de verdad, de carne y hueso, con bigotes y garras. Los ratoncitos corrieron a refugiarse, excepto el ratón de biblioteca, que, sorprendentemente, se quedó inmóvil sobre sus patas como una estatuilla. El gato lo agarró y empezó a jugar con él.
- No eres tú el ratón que se come a los gatos?
- Sí... Entiéndalo usted... Al estar siempre en una biblioteca...
- Entiendo, entiendo. Te los comes en figura, impresos en los libros.
- Algunas veces...por razón de estudio.
- Pero...no te parece que deberías haber estudiado también un poquito de la realidad? Habrías aprendido que no todos los gatos están hechos de papel, ni se dejan roer por los ratones...
-Lo que aprendì fuè algo màs sencillo,señor...
-Què?-preguntò el gato curiosìsimo...
-Aprendì a interpretar esa realidad,señor...
-No entiendo-se enfurruñò el gato-explica!
-Ah,por ejemplo,aprendì que no todos los ratones son devorados por los gatos...
-...No?-se alertò el gato-Porquè no?
-Porque algunos gatos,como usted comprenderà,pueden ser atacados por la peor enfermedad existente en el mundo ...como bien se cuenta en ese periòdico de ahì...

El ratoncillo señalò un viejo periòdico que habìa envuelto las botas reparadas del granjero...

-Eso dice ahì? estàs seguro?-El gato,curioso,se acercò al maltratado trozo de papel periòdico,e intentò leer.
Y esa distracciòn de segundos,la aprovechò el ratoncito de biblioteca para huir en dos saltos del gato.
Y el pobre felino estuvo durante varios dìas tratando de descifrar las letras del periòdico,ya que enfermo de ignorancia,no supo ni leer ni imaginar nada,y hasta llorò de impotencia cuando el granjero usò ese papel periòdico para encender la estufa...

Hormiguitas...

Y si un día caminando por la calle las hormiguitas que siempre van tras de mí te sorprendieran de repente husmeando en mi pasado?
De nada te servirìa ser seductor con ellas,no las conmoverìa ni tu mirada de miel,ni tu sonrisa de sol,ni los caramelitos de tus palabras...
Ellas seguramente se molestarìan mucho, y utilizando su poder de derretir a los entrometidos con barba, te dejarían reducido a cenizas...

Conejo...



Iba silbandita de vuelta a casa para ver la transmision del partido cuando me topé, en medio del sendero, con un conejo gordo haciendo el tonto.

-Aparta, mamifero extravagante!- le conminé.

El bicho seguía boca abajo, hacièndose el payaso, pasando de todo, orondo como una bola.

Como una bola..?
Me miré el casquillo de mi bota punk...
Vaaale...-me dije...
Voló ocho, diez, quince metros, hasta estrellarse en el tronco de un àrbol.

–Mierda, fue poste…– me dije mientras retomaba mi camino, cojeando un poco, con el pie dolorido pero bastante confiada de que el Barça iba a ganar...

Luna mojada y nueva...



Es un día lluvioso para ver la luna...
qué hará la luna cuando llueve?
hará lo mismo de siempre?
o estarà tiritando en medio de la noche
totalmente mojada,pobrecilla...?
Hoy harè una luna seca:
Harè un paraguas para ella
de mazorcas y de espigas del verano
para que no llore más de luna sola ni de espanto
y olvide ya las cosechas muertas,
ni mire paralizada la semilla que no fue.
Harè una luna de tomates,ajo y perejil
o de migajones blancos y raros
con sus ojazos abiertos de asombro
ante su propio reflejo en el asfalto mojado,
una luna con las orejas paradas escuchando
el aullido de tantos lobos desentonados...
Y,claro...empapada de lluvia por juguetear en los charcos...
Una luna, así, simple luna alunada lunática ella.
Así serà una luna nueva que de tan nueva tan nueva,
y tan contenta,
sòlo tu la veas...

Bailando bajo la lluvia...


...Señor,
usted no lo sabe
y sin embargo sus sonrisa,
tersándome la tarde,
me ha obligado a iniciar una huelga de novios
desde que lo conozco...
Y hoy
-mientras los dos nos mirábamos de reojo, cada uno
en un extremo del salòn-,
mi faceta más anarquista
ha optado definitivamente por afiliarse
al partido de sus ojos...
Señor, y la lluvia del domingo
es una inmensa bañera
que me sumerge a cámara lenta
tras un telón espumoso
mientras ambos nos entregamos
a las notas de la mùsica que ruedan,
como uvas al trasluz,burbujas
que se exprimen bajo nuestros pasos
cuando salimos a bailar a la calle,
y es que aún nos quedan
muchas tapas risueñas en su tacón,
y en mis medias de malla
y sabemos esos pasos que consiguen
reducir la cintura de la lluvia
que bailando con usted, ha iniciado
un boicot total a la tristeza...