19.3.10

Cuando las hadas lloran...







Cuando las hadas lloran, no lo hacen como los humanos.
El llanto de las hadas no se evapora en el aire.
Porque ellas,que se prohiben sufrir,sòlo lloran de alegrìa,o conmovidas por la belleza, y por eso sus làgrimas se convierten en diminutas gotas de rocìo.
Un rocìo màgico que ama a las plantas con un amor humilde. Sean la brizna de hierba que cantò Neruda, o el roble gigante que asombrò a Machado, las plantas son un prodigio ante el cual las hadas quedan en en silencio, reverentes, como los humanos ante una majestuosa catedral.
Ellas reciben todas las lecciones de sus hermanos los vegetales... Por eso los duendes y las hadas no necesitan correr como las personas:pueden volar,si,pero prefieren, sin moverse de su lugar, hacer el bien,como las plantas. Y son calladas,igual que las flores y los àrboles,que ni siquiera se quejan cuando los hiere el rayo divino o el hacha de los hombres.
Por eso,las hadas,ya sean pequeñas como la hoja màs pequeña, o grandes como el arbusto màs grande, emulan las virtudes de las plantas, y como esas criaturas amorosas hechas de tierra y luz de sol-sin prisas y sin ruido- saben dar sus làgrimas a la flor,a la sombra,al fruto, sin esperar otra cosa que lo que ellas esperan: retornar otra vez,cumplida la jornada, a la tierra y a la luz...

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