19.3.10

Entre candilejas...









Las tomas son totalmente mediocres,aùn cuando el guiòn parecìa bueno y los actores intenten inùtilmente ser héroes,va el tiempo marcando estrías en las secuencias,y va apagando una a una las luces y entonces la banda sonora se interrumpe...Sensación de pantalla desgarrada en el corazòn y la insuficiencia de siempre en el vivir.
Qué frágil la película de nuestra realidad que intentamos rodar en esas horas amargas, como una sesión privada y clandestina en la pantalla interna de los párpados. Un insípido tono pudoroso de noche americana en las irisaciones del deseo,y ni siquiera el sentir matizado del pasado indoloro nos acude.Pero hay un sueño de gabardinas por calles satinadas de humedad,y labios muy densos, casi negros desde la sala. Y la juventud,tinta de celuloide erosionado,hace de un guión mediocre,con problemas de doblaje,una cinta desesperada...Y es entonces que un bellìsimo hombre abandona el viejo cartel y entra a la sala del cine. Camina por el pasillo central. Lleno de asombro observa que su silueta no se recorta sobre la pantalla.
Durante la escena de las explosiones, asustado, se oculta tras una butaca. Saca la cabeza y mira hacia los lados. Del suelo recoge dos palomitas de maíz que coloca en sus orejas. Se incorpora para observar la balacera, tapando, de hito en hito, su cara con los brazos. Permanece absorto unos minutos. Mueve su pequeño y tupido bigote, gira sobre sus talones,juguetea girando su bastòn en el aire y se enfila hacia la salida. Con el frac raído, su bombín sobre el pecho y el bastón en la mano, va decidido a guardar un milenio de silencio ...
En la toma final el del bombìn y su bella novia,muy enamorados se besan en la boca, junto a las vìas del tren...Un comelucas los observa: sonrìe enternecido,y se come a Lucas.
Y nos vamos a oscuro...

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