19.3.10

Morenita mìa...


La niña resistió hasta el último momento, pero tiritaba de frío y quería seguir viendo a la Virgen de Guadalupe ese 15 de septiembre.
Puso fuego a la única lucecita de bengala que le quedaba y se cerraron sus ojos: en ese justo momento la explosión nuclear destruyó la Ciudad, calcinando a los millones de indiferentes habitantes.

Ambas, muy juntas, se alejaron levitando entre las ruinas, inmunes a la radioactividad...

—Me las hubieran comprado todas, verdad, virgencita? —aseveró la inocente vendedora.

—Claro que sí, mi'jita, pero no te aflijas y reposa en mi manto,porque ya me los chinguè a todos por ojetes—contestó La Morenita, apretando con fuerza la mano de la niña...

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