21.3.10

Renacièndome a la mar...





Nunca amargòme la mar,
pues acompasòme
con la hora que,
involuntaria y cruel,
trasmutòme agolondrinada.
Sorprendiòme la mar
con su cambiantes mareas,
las borrascas matutinas,
luego la niebla mortecina,
y al anochecer una luna pacìfica.
Ahora rìome
de los antológicos traspiès
del mínimo comùn nominador,
y de todo ese trafalgar
en que un traidor se anega.

Y prèmiome
con recordar que siempre
huì de él como de un cepo.

Pùseme al margen
como caracola sobre la arena,
y asistìme a una desiluciòn
como cantàndome una oda salobre.

Menoscabòme en vano
ya que abrogòme voluntades
y refrendòme cataclismos,
acompañòme sòlo la soledad
con sartas de lijosas mentiras
y regàlòme rìspidas quimeras
remansàndome en un tornado
viscoso de vientos àsperos y frìos.
Cambiòme el mustio engaño.
Y fuìme de lo ceñido a lo basto
desde lo opaco a la centella
Y despertòme la mar un sueño libre
que ofreciome luz y sal de medicina
y sin morirme una hora tras otra
curòme con càlidas brisas,
y volviòme a acunar cada noche,
y volòme de lo distinto a lo idéntico
y admiròme sin miradores ni sótanos
navegàndomede risas y misterios marinos
peregrinàndome hacia un alma diferida
y preparàndome a un milagro entre la sombra,
asì matòme la làgrima en el escosor
de todo lo que sùpome decadente.
Cambiòme entonces tanto el destino
que hoy està renacièndome
en el pecho un sol de primavera
y va empapàndome la mar de nueva vida...

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