3.4.10

Las tìmidas cosas...

Al lado suyo, pero no
de su mano,giro,y así le miro
andar por el jardín
del palacio:
las tìmidas cosas
que no pueden verse
aprenden a mirar.

No necesito
perseguirle a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten,
flores
esparcidas en el polvo del camino,
todas
blancas y doradas,
algunas
levemente alzadas
por la brisa matutina.
No necesito
seguirle adonde está ahora,
hundido en la hierba alta de ese campo,
para saber la causa de su pena,
de su humana
pasión,o de su rabia:
...por qué otra cosa
dejaría atràs todo aquello
que ha acumulado?
En silencio, frente a frente,nos hallamos.
Y sin verlo, yo sé que me ha mirado
con no sé qué recuerdo transparente
en sus ojos lejanos...
No ha cambiado.
Sé que los astros son el resto escrito,
lenguaje morse en una mancha negra,
y el eterno reencuentro estaba escrito
desde el primer crepúsculo del día,
y su inverosímil sombra es irisada
y me la da, incólume al rocìo,
ciñéndolo a esta alborada de recuerdo
tan blanco como nunca se hubo escrito.
Y luce para mí su nuevo día.
Todo lo que supe de èl
lo aprendí en las madreselvas
y a lo que faltaba, yo le puse nèctar
y en su crisol,
tallando calabazas en calesa,
jugando a ser sin ser,como siempre,
y hacer sin que se note.
Y como quien ve algo nuevo
se sorprende y sonrìe
cuando la luz de la mañana
como una caricia
aletea por su piel
como un tímido insecto...

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