15.4.10

Alcoba de agua...


La calle va calladita.

Va viendo que la lluvia, con cada gota, lava al aire y al lavarlo le quita lo que tiene de sobra...lo que le pesa.
La mañanita ligera es una tardeada de gente con paraguas.
En cuanto empieza la lluvia lo primero que hacen todos es sacar sus paraguas, extenderlos y huir debajo de ellos, buscando lo seco que el cubreaguas les promete,o se van todos corriendo buscando el socorro que les ofrecen sus creaciones, sus quicios, sus kioskos,sus coches...esperan quedar secos.

Raro que la lluvia que bendice al mundo y nos recuerda el orìgen uterino de la vida, pueda provocar ese miedo tan irracional de mojarse.
Y es que la lluvia no cae...
La lluvia viene, se extiende y nos abraza.
La lluvia nos acaricia. La lluvia nos ama.
La lluvia viene a quitarnos lo que nos pesa y lo pesados.
La lluvia no nos invade el espacio,porque la lluvia es ese espacio.
La lluvia tiene ojos y labios y manos y pecho y corazon de agua.
Y sus gotas no nos hieren,sòlo se funden en nuestra piel ,hasta que resbalan,cuando acaban de dejar de ser la lluvia.Gotas,como niñas traviesas en recreo,o gatitos de un reino transparente,que corren libres por vidrios y barandas,umbrales lìquidos,corretonas se siguen, se persiguen,quizá van, de su soledad a sus bodas,a fundirse y amarse.
Se trasueñan en nubes.
La lluvia nos ama.
La lluvia es una vagabunda de los senderos,primavera empapada de albas.
Es una alegre y lìquida transparencia que nos ama.
La lluvia sabe nuestro secreto, y por eso bailo y canto, mojada y risueña,en su alcoba de agua...

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