20.4.10

Shaman...



Shaman arcano.
Jim.
(Hace daño
la luz...?)
A èl, no.


A èl lo protege,
lo inventa lagarto
y le falsifica
las fases sucesivas
de su inmovilidad en el desierto...
Rodando lo trae el sol naciente,
desde la tina en Paris,
donde flotan sombras,
residuos,
restos de lluvia,guitarras
inactivas,
huidas que se acercan,
tiempo, nube, oquedades,
silencios que alguien lleva al grito,
o simplemente músicas perdidas
y olvidadas.
Rompe su voz profètica.
Y los pañuelos huyen
-no,pañuelos, no, son golondrinas
que exhiben plumón y ala- y rozan
la fiebre de su ùltimo latido.
Jim en negro (travestido tal vez
caimàn de onix)
asomado al pequeño barandal del aire
de aquèl hotel en Paris
para no volver a ser jamás.
Pasar cantando así, bajo la noche
como èl canta, como un fenix ciego
que fuera hacia la hoguera por puro instinto,
Èl,que volò al borde mismo
del precipicio, que tenìa la casa
ya inclinada del lado del vacío,
perdonarà que cante su blues en esta hora?
Mi casa se inclina también.
Pero no temo.
En mi densa flora estoy dormida
soñando en paisajes desèrticos
con su voz de dinamita
estallando las sólidas puertas
de las prisiones.
No vamos a enterrar también esto
–la sencilla y absurda melodía
que me queda de ti– después de darle tierra
a su viril hermosura y a su fama derruida.
Porque su canto es la primera voz del agua
corriendo subterrànea entre las piedras.
No sabe detenerse, no se acaba.
Fluye, como yo fluyo en su corriente.
Està recuperado del olvido con su nombre:
Jim, primitivo de la vida.
Sigue bailando desnudo
y canta las cosas y los seres hondos
que no poseen voz o la perdieron.
Lo oigo cantar, sonámbulo, en la noche
todavía rayada por la luna
solitario,bello y desolado,
con la voz de algún hombre-medicina
en desvelo.
Desesperado,su alarido se estremece,
se re inventa la tristeza,
se suicidan las ansias de vivir
de tanto querer ser y no ser vida...

El agua de la tina te guarda,rey lagarto,
que huyes de ti mismo, que no quieres
ser hombre, sino extraña
forma de lo imposible,
poema de ti mismo,
rodeado,Morrison,
de turistas japoneses
y señoras enojadas que te ignoran.
Sin embargo,la arena del desierto
te reconforma en tu sonido...
Hasta el final has de cantar.
Dormido.
Algunos pasaremos afirmándonos tan sólo
por tu voz que reconforta y alivia,
grave voz de amor fosforescente.
Y hasta en el caos, si es que el caos llega,
buscaremos en tu canción la señal viva
como medida de esto inagotable
que en humano llamamos magia...

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