20.5.10

Un hombre alado...


Mientras tu voz suave va ligera de melodía
sobre fatigadas espaldas amarillas
y bajo axilas que laten cenizas de rosas antiguas,
yaces,con un agujero en la cabeza...
No conozco cueva alguna que tenga más recovecos
ni más ciervos, ni más hadas
que un cráneo blanco en la noche...
Es tu bruma en los párpados velados
todo en nácar,luz de cristal nimbado,
suero,sonda,mariposa infantil
que contigo ardió silente...?
Cerati tu voz de piedra intacta
sobre un lago que ondula
se yergue ligera por tu música
en el nudo negro de la sangre...
Y la luz besa el aire de tus alas
con las que vadeando
has llegado hasta aquí
cruzando el agua fría del silencio
y los restos del barro
de las últimas lluvias en Buenos Aires.
Ahora la ciudad de la furia
está envuelta en polvo
nube tras nube de humo
y de polvillo de penas y bytes
se arremolina con el viento
que cruza el océano
y penetra,doliente,
hasta aquí dentro ...
Por eso,dame el agua de tus alas,
para olvidar ese invierno porteño
cuando me topé con el primer vendedor
de cordones de zapatos
en una callejuela de jacarandas y tristezas
Quería venderme,
como todos los vendedores de embustes
que llegaron despues,
unos cordones
(a mí que no tenía zapatos)
cordones rojos, negros, de algodón, de seda...
Vendedores de cordones
que tenían que estar ciegos o locos,
y no vieron nunca que yo iba descalza
y que la soledad se escondía tras de mis ojos...
No, las almas no se hablan
unas a otras,ni sueñan
mil veces las mismas cosas,
y mueren de manera diferente que los pájaros
Y es que los pájaros-y los ángeles- se hablan
con mil sonidos acariciados,
suavemente,
para que su música llegue a su destino:
Tu lo sabes,ché Gus:
les bastan a ellos unos pocos ecos,
les basta con variar su intensidad
variar su acento...
Tu lo sabes,mientras solo en tu noche
luchas con la Verdad,
en las tinieblas que acercan sus agujas
sus aguzadas puntas de luz,
sumido entre la lóbrega carretera
de tu cerebro lesionado, y pura,
como un diamante en el carbón, fulgura
tu voz como la oí por vez primera,
aquellos meses de la secundaria
cuando mi madre moría de cáncer
y mi padre se metía un tiro en la cabeza,
y sentía una lluvia de alfilerazos
contra la piel, el oído y los otros sentidos
pero sobre todo en mi corazón desamparado...
Y en esas noches abisales,
sólo tu estabas ahí,cantando en la radio,
dando el alivio decisivo de tu música
a mi oscura soledad de puberta,
sostenida sólo por la voz de tu alma
en el ser o no ser de su corazón,
aligerando el dolor
de aquélla niña que dejó de serlo
en la ciudad de la furia...

Y entre tanto pesar,dime tu:
cómo olvidar ahora el dulce de membrillo de tu voz?
La niña que fuí navega-vuela-
en el requinto de cristal azul marino,
y en todos los tejados
de aquella ciudad sin duendes...
Creció contigo,y nunca vió descender
-como bien lo predijo tu voz de espada-
las naranjas azules del amor
ni la cereza amarilla de la alegría,
en aquélla ciudad sin esperanza...

El llanto de las jacarandas
ha cubierto año tras año mi cintura
como cada julio en Buenos Aires.
Y ahora lloran en pleno mayo
con sus lágrimas violetas
porque las tinieblas acogen tus neuronas
y las ocultan en su oscuro pecho
donde quizá otras dentritas,
al otro lado del océano,
palpiten heridas -tu imagen
reflejada en un espejo
en un mundo reflejado en un espejo...
Lamentos: un manojo de truenos tartamudos
y un puñado de deudas a la luna,
mientras tu tendrás una serpiente blanca
entre los labios y tus ojos-
navegantes confusos de morfina-
miran sin alas a Thánatos...
Pero un ángel herido es una metáfora malva
con las alas derretidas al sol,
y por ahora eres todo de espuma
como los niños muertos a las orillas del mar.
Y yo te pertenezco tanto,Cerati,
que en mi pecho tu ausencia será herida...

8.5.10

Mapas...








Sè que cambiaràs otra vez el curso de los ríos
y trasladaràs todas las cordilleras
con sólo la mirada gitana de tus ojos brujos,
y el roce de tus dedos sobre los mapamundis.

Señor de los amores y de la geografía,
grandísimo truhán y todopoderoso
ubicuo, sè que vas a rescribir los libros
marcando de nuevo las fronteras
como te dè la gana.
Sè que me buscaràs en los mapas,
lentamente palpando las líneas divisorias,
sorteando montañas y estaciones,
descifrando el azul del mar y de los ríos,
lentamente acechando todas las playas:
Buscaràs mi nombre,mi corazòn y mis silencios
buscàndome en cada resquicio de luz hecha palabra,
ciudad, pueblo, accidente, tal vez puerto o tierra.
Volviendo del revés la geografía,
me buscaràs, por entre los dibujos
y los signos pintados, lentamente,
sin tregua, sin remedio,
lentamente en los atlas,
en las playas y en los bosques,
sin pretextos,sin excusas,
sin coartadas: No claudicas.
(Pero no conoces todos los sitios:
porque yo tengo el mapa
de una bahìa azul y secreta,
aprendido de memoria,
un pequeño mapa
-apenas del tamaño de una gota de lluvia-
señalando con cruces rojas,
igual que besos,un tesoro...)

El ùltimo dìa de Sol...


Nube arrebolada ante el engaño de Sol embaucador. Ruiseñores y gorriones rumorean la relación con gorgoritos y trinos. Nadie sospecha que Luna espía al atardecer, difuminada y celosa en el azul asombrado. Sol guarda su brillo para engatuzar a Nube y desciende con malosas intenciones.

Luna lo encara,cabreada: su hoz amenazante, creciente,roja.
Sol, cobarde, se esconde tras las faldas algodonosas de Nube, que llora,se llora toda en lluvia hasta escurrirse por los mares dejando a Sol que se haga hombre.
Pero Sol no, Sol niño y busca a Montaña, siempre maternal. Y huye.

Luna triste y furiosa.
En la oscuridad, los hombres sienten su melancolía.
Lo que no saben es que Sol ya no volverá nunca: tiene miedo a Luna.
Se van a sus casas, a sus camas, a sus amores.
Creyentes de que mañana habrà otro día...

Pèrdidas...


Perdí algunos dioses en el camino de sur a norte,y también muchos demonios en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas...ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, y algunas barcas.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis padres murieron cuando me arrastré a la orilla y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.
Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma, perdida de mí misma,me sorprendo de lo poco que quedó de mí: una individua aislada, del género humano por ahora,que cree que sólo ha perdido su paraguas en el metro,hace unos momentos...

Los huevos del Sensei...






El Sensei no ha querido alcanzar el Nirvana durante estos dìas,por sus huevos.
"...Si allí donde hay humo hay fuego, en ese armario necesariamente hay un huevo", pensò el Sensei entre desconcertado y satisfecho del silogismo al encontrar una gallina moteada entre sus camisas.

El huevo nùmero uno lo hallò en el cajón de los calcetines blancos, destacando el tono ocre del cascaròn.
Por la tarde,cuando el Sensei volviò del trabajo, la gallina le esperaba bebiendose el sake de la nevera.
El Sensei le preguntò qué hacía allí.
La gallinàcea no supo explicarse.
Y entonces el Sensei encontrò el huevo nùmero dos en su maletìn, seguramente tambièn hijo de este animal...
No conociendo las costumbres alimentarias de esta especie, optò por pedir pizza. La comieron viendo televisiòn, pues el Sensei había llevado los huevos al sofá,para que la gallina pudiera empollarlos con mayor comodidad.
Fue la gallina quien comenzó a hablar rompiendo el hielo. Y despuès de 15 minutos de charla y tomando confianza,el ave le dijo al Sensei :

–He de ir a la farmacia por algunas cosillas de mujeres,o hembras,mejor dicho...Te importaría hacerte cargo de los huevos?
–Faltaría más, ve tranquila.
La gallina saliò rauda.
El Sensei,buena gente como es,se acuclillò con ambos huevos bajo las posaderas.
Asì lleva dos semanas.
Y la muy cabronceta de la gallina no ha vuelto...

Mi corazòn...





Gracias te doy, corazóncito mìo,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
y sin pausa...
Gracias por tu diligencia vital...

Eres fuerte y sigues entero
a pesar de sobresaltos y penas,
cada una de tus sístoles
es como remar una barca
hacia alta mar en tormenta,
y tus dìàstoles achicando mi pecho
de llantos y duelos...
Discreto y leal,
herido o fatigado
no claudicas:
tienes setenta merecimientos
por minuto
y una sangre limpia
que cursa en un torrente vivo.
Gracias te doy, corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes de la nada,
y sigo en la vida
hasta en el màs profundo y negro sueño.

Cuidas de que no me pierda al vuelo,
y hasta el extremo de la pena
para la que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo
a la luz de este hermoso domingo,
y aunque es día de descanso,
bajo mis costillas
continúas tu movimiento de dìa laboral
y cumples afanoso
con tus vitales obligaciones
latiendo en mi pecho
como todos los anteriores minutos...

Aparecida...


—Que te digo que es una fantasma.
—No, tío, no. Que los fantasmas dan miedo...no ves lo guapa que es, atontao?
—Pero mírale cómo brilla!
—Aura, se dice.
— Pues eso...no ves tú o qué? ...Y además flota!
—La verdad es que lleva sábana blanca.
—Lo que yo te diga: un fantasma.
—Vaale... Pues si que... Pero coño, es que esto no da ningùn miedo...
—Para nada. Anda, vamos a decirle al Perolas y al Gonzo, que lo van a flipar...

Los dos niños se alejaron, no sin varias veces girarse para enseñar la lengua a la Virgen, sonrojada en su beatífica pose de brazos abiertos...

Violines...


El Sensei adquiriò una penosa iluminaciòn-como que quedò crispado- despuès de haber mordido el polvo bajo la pata verde de Godzilla.
Fuè a partir de esos tiempos,que el Sensei contruye violines,los pinta,los cala...
Pero antes de venderlos,encierra en ellos las màs temibles criaturas venenosas.
Y los vende bien,sòlo que los compradores no vuelven.
Es que el Sensei odia a los violinistas...


(*Nota freudiana: Es sabido que Godzilla es un enorme virtuoso del violìn.)