8.5.10

Mi corazòn...





Gracias te doy, corazóncito mìo,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
y sin pausa...
Gracias por tu diligencia vital...

Eres fuerte y sigues entero
a pesar de sobresaltos y penas,
cada una de tus sístoles
es como remar una barca
hacia alta mar en tormenta,
y tus dìàstoles achicando mi pecho
de llantos y duelos...
Discreto y leal,
herido o fatigado
no claudicas:
tienes setenta merecimientos
por minuto
y una sangre limpia
que cursa en un torrente vivo.
Gracias te doy, corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes de la nada,
y sigo en la vida
hasta en el màs profundo y negro sueño.

Cuidas de que no me pierda al vuelo,
y hasta el extremo de la pena
para la que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo
a la luz de este hermoso domingo,
y aunque es día de descanso,
bajo mis costillas
continúas tu movimiento de dìa laboral
y cumples afanoso
con tus vitales obligaciones
latiendo en mi pecho
como todos los anteriores minutos...

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