11.6.10

La guerra...


De súbito, estalló la guerra.
Se abrió como una bomba de azúcar
arriba,en la nube. Primero, creímos que era juego,
después, vimos que la cosa era en serio.
El aire quedó ligeramente envenenado.
Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a las ollas,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, ya las rocallosas se habían vuelto aviones; cada uno, tenía calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partióen dos...una mitad se fue hacia el este,la otra hacia el oeste.
Y los repollos acresponados, blancos -rosas-nieves de la tierra, de los huertos-, de marmolina, de la porcelana más leve, los repollos sin detenerse por llevar a los niños dentro lanzaban horribles imprecaciones a grito pelado a las altas acelgas azules.Y el tomate, herido de rubíes les respondía a los repollos josdepu con tomatazos en plena caradura.Y las cebollas envueltas en papel de seda, papel de fumar,
como bombas de azúcar, de sal, de alcohol,no paraban de llorar.
Y de pronto hubo un silencio acojonante...
Es que cruzó un navío de otros mundos con su luz conmovedora.
No sé por qué, me dió tanto miedo, pero no intenté huír y como nieta de guerreras chipewas,me pinté las marcas de guerra en el rostro y tensé mi arco con una flecha de claveles y apunté directo al corazón del invasor.
Pero su nave astral hizo crecer nuevas cosas bonitas y raras.
Y fué en ese momento cuando un duro misil de azucenas rompió mi arco y me detuvo.
Entonces los espárragos gnomos, torrecillas del país de los gnomos,sacaron las ramitas de las olivas.Y las patatas, a las que siempre plantábamos en el medio un tulipán,fueron las que sacaron las banderas blancas.
Y las víboras de largas alas anaranjadas tiraron las hachas y los winchesters y lanzaron besos de sopa de búfalo calientita...
Y el humo del tabaco de las luciérnagas, que fumaban sin reposo la pipa de la paz nos mareó...Y volvió el amor,como si el abuelo y la abuela,como si mamá y papá,como si los ancestros volvieran a la vida montando sus potros pintos por las laderas doradas...
Y a la eternidad volaron las palomas blancas...
Pero de esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,arriba de las nubes.

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