1.7.10

El mismo diablo...


Sentada en medio de la soledad del bosque observo a los nogales que con precisión acomodan sus frutos exquisitos dentro de las bolsitas de madera. Se oye el breve chirrido de las cigarras que buscan amores. En la casa todos descansan y parece que no hay nadie. Sólo yo, como siempre, no puedo dormir; ando con la pequeña lámpara sorda,buscando rarezas, pero, igual no puedo dormir.De pronto, se retrae el trabajo de los árboles y el amor de las cigarras.Las flores de San Juan corren por el aire y por la tierra como una enredadera de madreselvas,las siego, las pongo en el cesto; de pronto, me estremesco y luego quedo inmóvil...huye hacia la casa un aroma a óleo de nuez y azucenas y entra por las ventanas una brisa salada que llega del mar. Me recuerdo hace mucho tiempo sentada en el comedor y trazando mis deberes,y luego cruzando el campo para ir a la escuela y los platitos y las tacitas, en línea, como calaveras de nenas recién nacidas.
Surge entonces el mismo diablo...uno que se para a mi lado. Desde allá,desde el pasado,noto que hay algo extraño entre las paredes,algo que acude y que se oculta, aunque lo busque en el jardín o en la cocina por disimular...luego arriesgo: “– Creo que es el mismo diablo otra vez,el de la Noche de San Juan,que quiere fiesta y alboroto y no deja que yo termine mis labores,y me provoca con risas y rumbitas,pobrecillo,tiene ganas de jaleo, de cava y de panellets...
Yo nada digo y lo ignoro,y él vuelve a su fuego y a sus flores...Yo sé que mañana volverá,y surgirá de nuevo, se parará a mi lado con su tez oscura, hermoso, alto casi como un hombre,y me mirará, y me dirá que me quiere ver bailar, que va a ir conmigo por el campo,hasta la playa, para recoger retamas,y saltar las fogatas...

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