15.8.10

Hombre mirando al mar...












...Sentado en el rompeolas,
inmóvil como un retrato,
y elegante como un piano,
con su abrigo negro contra el doliente frío,
acurruca sombras en las esquinas
mientras lejanos perros ladran furiosamente
y saltan diminutas lágrimas de sal sobre la arena.
Está serio y bello,como su retrato.
Al igual que los héroes de melodramas,
da su bocadillo del almuerzo a las gaviotas.
No hace fotos,sólo abre los ojos
y afila la nariz como un cuervo silencioso.
El muelle de pescadores es mucho más
que una postal de viaje:
es una imágen inmensa y bella como un recuerdo.
Sentado como un piano silencioso,
él ya es parte de la ciudad marinera,
ciudad sin tiempo y sin prisas
que desaparecerá bajo la última lluvia del estío
cuando el último lobo de mar
leve las áncoras de su barcaza golondrina
y se pierda en el gris Mediterráneo.
En sus ojos la luz se extiende
más allá de las redes quebradas
y la mar refulge su color azogue que,
al principio de los otoños,
tiene la dulce Barcelona...

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