15.8.10

Pegaojos...


Antes, por las noches de luceros y grillos,desde el fresquito más verdoso de la huerta,venía el señor Pegaojos con su tarro de miel y su costalito de arena fina. Él traía los sueños con perfume de jardines irisados de una luz huidiza como alitas de hada. Venía el señor Pegaojos con su caminar lento de hombre con bostezos acumulados y carita arrugada como un trapo,y su corazón tartamudo,repitiendo a lo rororororo y echaba su arenita de oro en los niñas de los ojos de los niños y viceversa,y los párpados se volvían unas tapitas de cofrecillos de cobre dónde se guardaban los sueños más bonitos,embadurnados con la miel pega-párpados de su tarro...
Pero ya no estás,Pegaojos,ya no.y los párpados son cofres de lluvia,y se abren en la estepa del insomnio con una luz astillada.Y entonces el pensamiento se ensombrece de pronto y declina el mundo aún más deprisa y sobreviene una noche destemplada,y muy larga,y una herida negra...
Don Pegaojos, mal bicho...por qué me niegas los sueños? ...por qué casi no los recuerdo? ...por qué su recuerdo es tan fugaz? ...por qué me cambias los sueños dulces por pesadillas? Me debes muchos años de sueños, señor Pegaojos, se los entregaste a los ladrones que me robaron también, otras cosas más sagradas...
Regresa,Pegaojos,con el verdor de los arces bajo la claraboya más blanca y lunática de la noche,toma mi frente en en la almohada,con la transparencia del brezo y el perfume del rosal y la retama bajo la lluvia nocturna:
Devuélveme mis sueños...

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