25.9.10

Clemencia...


-Confieza...Dime su nombre...
-No la conoces...
-Dime su nombre!
-Se llama Clemencia, pero no te sirve de nada saberlo...

Claro que le sirve:
A él lo barre de un portazo, al fín y al cabo ya tiene su nombre, y a él ya no le necesita para nada.
El aire que remueve le golpea en la cara con más fuerza que la bofetada que no le dió.
Le hubiera dicho para qué quería su nombre pero entonces él no se lo hubiera dado.
Lo quiere para envenenarse poco a poco con él, para obsesionarse y repetirlo una y otra vez hasta hacer de él una triste cantinela.
Para flagelarse por todas aquellas cosas que envidió de otras, para odiarse a sí misma y odiarlo a él con tanta fuerza como no cabe en el mundo.
Para castigarlo por tener otros sentimientos distintos a los permitidos por ella,y para hacerse mala sangre y que se vuelva negra y se le corrompa por dentro.
Para que la amargura le acompañe en las noches frías del invierno en las que su cuerpo seco reclame toda la venganza y no la encuentre.
Para repetir maleficios a la luz de la luna mientras las lágrimas, que no ha llorado, desborden sus ojos, y recorran su nariz y su boca,y resbalan de su cuello, y anegan el mundo y lo arrasan convirtiéndolo en un desierto de sal y todo muera...
Para eso quiere ese nombre...

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