27.9.10

La última vez que vimos a Cupido...












Todos le gritábamos: Cupido! Cupido!
...y él se enfadaba y nos lanzaba matatenas del río,y nos perseguía chapoteando sus zapatones viejos por la orilla,salpicando su remendada cuera hasta que trepabamos a los árboles fuera de su alcance. Entonces recogía su sombrero de pocho con pluma y todo y su guitarra loca y se iba rezongando por la sombrita de los árboles.Se quedaba en la casa de los fantasmas junto al río cuando venía al pueblo. Ahí flotaba por los rincones su mamá que se había ahogado una mañana lavando la ropa en las rocas del recodo.Cuando caía el ocaso,el Cupido se sentaba en las rocas aquéllas y tocaba en su guitarra muchas canciones de los Credence,mientras los novios andaban de manita sudada por las huertas. Y el Cupido,barbudo y chimuelo, barbudo y chimuelo cantaba y cantaba... Llevaba una armónica también y una loca para que bailara mientras el tocaba y cantaba muy bien. Traía a la loca de Ciudad Victoria, pero la loca no era siempre la misma,sino que la iba renovando cada dos o tres meses, y a mi me parecía bueno de su parte sacarlas del manicomio para que pasearan pobrecitas. Algunas bailaban bien las rolas de los Credence, otras solo movían los pies torpes como las cabras mientras chapoteaban en cueros a la orilla del río. Pero pasó que una tarde bajó del tren con su maleta rota y sus botines rojos,la loca Olvera que era muy bonita,y bailaba como hada,y le cocinaba a Cupido su cecina y su machaca con yerbas,y puso cortinas en las ventanas destartaladas de la casa de los fantasmas y ya llevaba con Cupido más meses que cualquier otra, aunque sucedió que un día lluvioso,los truenos lejanos le prendieron algo en su demente cabeza y se trepó al techo de tejas de dos aguas de su casa y con un equilibrio precario rompió algunas de las tejas podridas,entonces se asustó y chilló como un zopilote, mientras todos los niños estabamos viendo y esperando que iba a pasar con la loca Olvera, si se tiraba, si la lograba bajar el Cupido, si se volvía muerta tirándose de cabeza o si el espeso calor previo a la tormenta la convencía de una vez de mejor tirarse al río a nadar...Después de mucho tiempo, Cupido se dió por vencido ahí parado con la boca abierta y lágrimas en los ojos,y como esta vez se había enamorado de su loca sacó su guitarra y se puso a cantarle mientras la loca Olvera bailaba sobre el tejado tropezando con el viento que tomaba fuerza. Después llegaron los del manicomio con una camioneta y unas escaleras y ellos dijeron que si podían bajar a la loca Olvera. Mientras subían,Cupido se retorcía las manos y se secaba las lagrimas,y cuando los loqueros iban a atraparla,la Loca Olvera abrió los brazos,lanzó un chillido agudo de águila y salió volando hacía el sur...
Y como empezó a llover fuerte,todos estabamos muy sorprendidos y por eso nos mandaron a nuestras casas a merendar porque todavía eramos pequeños para ver eso...
Y al anochecer la camioneta del manicomio regresó a Victoria,y Cupido,aferrado a su guitarra, se fue corriendo detrás de la camioneta,mientras le gritábamos Cupido! Cupido! desde los portales...pero esa vez nos ignoró porque la tormenta que reventó por fin apagó nuestros gritos...
Y esa fué la última vez que vimos a Cupido,porque desde aquélla tarde de lluvia ya nunca más supimos de él en Tamaulipas...

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