30.11.10

La teoría de los mundos inversos...




Esa mañana,el Sensei se despertó con ganas de escribir una historia inquietante de amor...
Mientras se desperezaba,pensó que la idea que tenía era genial,y por ello pasaría a los anales de la literatura del monasterio en la montaña: comenzaría a redactar la novela de autoayuda gore ” Los Zombis que amaban demasiado a los dinosaurios y su influencia en la cardiología”: un best-seller asegurado- y se aventuraría con éxito en las sendas retorcidas de la poesía ciberpunk con el fin de ganarse la simpatía de los intelectuales,tarea ardua,ya que son bastantitos,porque es cosa de levantar una piedra,y hay infestación,así que haría una edición de algunos miles de libros para alcanzar la fama,y hasta el nobel de medicina...
Sin embargo,todo eso no pudo ser:
Porque al levantarse por fin de la cama, y al calzarse las zapatillas distraído, los pies no entran. Forzando un poco, apretando de un lado y de otro, introdujo el pie. . Con fuerza... Otra vez.
Primero notó que su pierna estaba recubierta de tela fina hasta la rodilla. Y luego se dió cuenta de que no eran las zapatillas sino unas mangas. Siguió,terco, tirando hasta que el pecho,a donde le llegó al cinturón del pantalón. Intentó ladearse y al final pudo entrar por una pernera. Sacó la cabeza para respirar...El dobladillo le arañaba el cuello,pero podría respirar,más o menos...
Y en ese momento se dió cuenta: Definitivamente la profecía era cierta. El mundo había dado la vuelta y alguién había decidido poner a los humanos en su sitio.
Y ahora el Sensei, para calmar los nervios,se ha refugiado en el café,mientras intenta convencer a Asumpta de que le ayude a esparcir la teoría postnuclear de los Mundos Inversos ...

Carranza,el hombre patata...










Una tarde en que llovía misteriosamente sobre las cosas, y andaban por el jardín los borregos con su piel rastafarina, y los hongos venenosos echaban un humo gris, y habían venido las vecinas, al través de las plantas mojadas, de los setos de ásperos perfumes, a visitar a mi madre, y estaban, de pie, riéndose, cada una con una langosta en el hombro, verde, brillante, recién caída del cielo, y un caracol de azúcar; pero, sin darse cuenta de nada, se reían, y mi madre les contestaba riendo. Las vecinas con sus altas coronas de piedras de agua, parecían unas reinas salidas de la laguna, de lo hondo del pastizal.
Y Lorencito Carranza, sin rumbo, allí, avanzaba, retrocedía, iba hasta la casa, salía, mirando pasar la lluvia, las nubes, la historia del jardín.

No sé de dónde lo había sacado mi padre al Lorencito,tal vez desde el linde mismo de la huerta; y allí estaba, el nuevo cuidador oficial de las patatas del solar. Esa tarde le miré la cara color tierra, llena de brotes, de pimpollos, la casaca color tierra, las manos extrañamente blancas y húmedas, que tentaban a cortarlas en rodajas y a freírlas. Pero, el Carranza no dijo nada de las vecinas y mi madre lo mandó a dar agua a los perros. Sólo los perros adivinos empezaron a dar saltos y a gruñir nomás de verlo al Lorencito y hubo que echarlos al jardín y ponerles cerrojo. Luego él se marchó, escopeta al hombro, hacia el monte bajo la luna, apuntando a los posibles ladrones, y, sobre todo, a las liebrecitas roedoras.
Y como era una tarde gris, pero, suave, alegre,y como lo hacían las niñas de entonces, me disfracé para pasar desapercibida, me puse mi máscara de bestiezuela, y así anduve entre los viejos peones y los nuevos peones, y saltando crucé el prado y llegué a la antigua noria donde había fiesta. Todos estaban felices,era el cumpleaños de Lorencito y bailaban huapangos Por los cuatro lados habían puesto jarritas de almíbar y postales. En medio de la mesa, una exquisita liebrecita roedora, rodeado de lucecitas. El Lorencito Carranza, que siempre estaba serio, esta vez se sonreía y se reía; y antes de que bajase la tarde,fué al jardín, a soltar a los perros,pobrecitos. Y allá ,en el solar,lo ví:arrojó al aire una moneda; yo la vi rebrillar, y al caer se volvió un caramelo, del que, enseguida, salió una vara larga y florida como un gladiolo, a cuya sombra Lorencito creció y creció,y creció aún más como una patata requemada,gigante y peluda de tan bien regada, hasta que ya no pudo entrar a la casa después, de tan inflado, y eso le duró por varias semanas.
Yo soy de aquel tiempo,los años dulces de la Magia...

Los pies como conejos...





Nos encontramos en el manzano.
Era una noche cerrada, oscura.
Me dijo: ...Paseas?
Contesté: Siempre salgo.
El dijo: Yo, también, siempre salgo.
Pero, en ese momento, irrumpió la luna.
Con todos sus tules.
Y con aroma a azares,
como si la luna fuese una novia.
-Qué tiene la luna?,dijo.
-No sé.-no quise saber.
A la enorme luz,
se vio que yo estaba absolutamente alada
y con trenzas de flores dulcísimas.
El traje de él era augusto y deslumbrante.
Y yo descalza porque los zapatos
eran infames.
Si no tuvieses los pies como
Marilyn Monroe-dijo-
y esa misma y tierna
indefensión en los hombros
hubiesemos bailado toda la noche
en la parada del bus
junto al manzano...
Y concluyó:
-tus pies son como conejos
corriendo en un atardecer boscoso.
Y yo le dije:
-Tu siempre buscas conejos,
incluso en la luna.
Entonces sonrío y floreció el manzano,
y un conejo azul saltó de su corazón.
Nos miramos.
El me miró...Yo miré lejos,
hacia esa esfera de cristal
repleta de conejos
que era la luna en el manzano...

La vereda de los sueños...


Anoche retorné por la vereda,y todo sucedió como lo preví...El plantío de orquídeas. La luna,como una paloma de la noche vuela que vuela, vigila que vigila. Pero, los plantadores de vainilla, los recolectores, dormían lejos, en sus chozas solitarias. Y el jardín está abandonado. Las papas han crecido tanto que ya asoman como cabezas desde abajo de la tierra, y los mangos, de tan maduros, estiran unos frutos largos, dulces, sin sentido; hay demasiada carga en los nidale de las garzas... huevos grandes, huevos pequeñitos; y la magnolia de la puerta de tu casa parece una esclava negra sosteniendo criaturas inmóviles, nacaradas.
Toqué apenas la puerta; adentro me recibieron el césped, la soledad. En el aire de las habitaciones, del jardín, hasta han surgido ya, unos planetas diminutos, giran casi al alcance de la mano, sus rápidos colores...
Y tu estás allí todavía...sabes? como un gran clavel blanco, suave, blanco,inmóvil..., Con la mirada perdida en la vereda,tenso como un guerrero,rodeado de vaquillas marineras.
Hace ya mucho tiempo que te había soñado como un aire cargado de luz y ahora estabas en ahí,con tantas vidas que no parecen ciertas en una sola vida.
Con campanillas azules en la mano para mi.No hablas,pero el momento está lleno de tu voz,voz acunada, lejana...Y tan incierta la luz,siempre en ti,como en el sueño...

Un azul que nadie viera...






Al salir a la calle, sobre los plátanos,
muy por encima y por detrás de sus hojas
doradas y crujientes,se abre el cielo
azul, intenso y transparente de la noche helada.
A cuatro bajo cero se respira
el aire como si fuera el cielo
que es el aire lo que se respirara.
Corta y se expande y un instante
rebrota antes de herir. Ritmos
de la respiración y el cielo, uno
lugar del otro, volumen
que quien respira retrajera, puro
estar del mundo en el frío,
de un color azul que nadie viera, intenso,
que nadie desde ningún lugar mirara,
aire y cielo no para respirar
sino para ver y arder de sueños...

El pescador....







Nadaba por el agua transparente,
y en el hondo, gozoso,buceaba
con un pequeño cardúmen
de peces brillantes,
amigos, moteados.
Y en aquella agua tan densa,
jugando con nosotras,
se sintió importante,
como un gran pez:
-Ustedes-dijo-
deben esperarme en casa.
Entonces nos reimos
y nos ocultamos en el castillo de arena
para jugar a las escondidas...
Pensó entonces en Klee
y en la dorada sirena.
Y entendió:
estaba roto y sus sueños
se colaban en su vida,
y en esa sensación
de realidad era tan fuerte;
que requirió hilo y aguja quirúrgicos
para remendarse la red del corazón.
Y fué entonces un dorado pez,
dorado de los abismos, destellente
en lo hondo jugando con nosotras.
Y desde ese día un sueño subterráneo
lo recorre, y nos reune,
y nacemos y morimos en la espuma
de sus olas,y se le repite
el sueño y queda pez,
feliz en su densidad,
la transparencia...

El viejo murciélago...




Esta noche
un solitario habitante
de las paredes
se decidió a andar:
es el viejo murciélago
de oro y azul,
bichejo
todo de luz y telaraña,
lo vimos de cerca,
vimos gotear sus orejitas
adornadas con brillantes.
Como un antiguo sacerdote,
tiene su iglesia
en el cerrado ropero,
pero, esta vez
lo vimos volar,
vimos su sombrilla,
ts mantoncito infame
repleto de rubíes
prenderse de la nada,
se oyó su murmullo.
Y por eso esperamos muchas cosas
desde esa noche
en que se decidió a reinar frente a nosotros
mientras, afuera, el viento,
destruye los malvones...

Tragar limones...


Existen dos tipos de personas:
Las que son capaces de morder un limón, comérselo sin pestañear y no hacer un mínimo gesto de desagrado al tragárselo entero, y los otros son el resto de los mortales.
Los devoradores de limones no lo hacen por impresionar, no. Tienen esa capacidad innata. No son educados para ello...
No me gustan los comedores de limones. Me dan la impresión que al igual que actúan con los limones, serían capaces de tragarse cualquier otra cosa, con la misma caradura...

La tristeza del nogal...



En medio de la soledad del bosque,el nogal acomoda con precisión sus frutos exquisitos dentro de unas bolitas cascarosas de madera. No se distrae con nada,ni con la brisa lluviosa del otoño ni con el breve alarido de las ardillas que buscan amores en los prados. En las frondas todos descansan y parece que no hay nadie. Sólo yo, como siempre, no puedo dormir la siesta y ando atenta a la dulzura de las violetas, y por eso noto que de pronto,se retrae el trabajo del nogal y el amor de las ardillas.
Es que cruza un navío de otros mundos con su luz conmovedora.
No sé por qué, me da miedo, e intento huír.
Pero, la nave astral ha hecho crecer nuevas cosas.
Y un blanco cantero de azucenas me detiene.
Entonces todo cambia,y el nogal,hundido el la tristeza, se obsesiona en llevar la contraria: Se hace conciente de que sus nueces son pocas y exageradamente ruidosas, así que decide pedirles atentamente que sean más silenciosas, y él, a cambio, será más productivo en lo sucesivo.
Y los duendes del bosque,muy creyentes de los refranes populares,quedaron por siempre desconcertados...