30.11.10

Carranza,el hombre patata...










Una tarde en que llovía misteriosamente sobre las cosas, y andaban por el jardín los borregos con su piel rastafarina, y los hongos venenosos echaban un humo gris, y habían venido las vecinas, al través de las plantas mojadas, de los setos de ásperos perfumes, a visitar a mi madre, y estaban, de pie, riéndose, cada una con una langosta en el hombro, verde, brillante, recién caída del cielo, y un caracol de azúcar; pero, sin darse cuenta de nada, se reían, y mi madre les contestaba riendo. Las vecinas con sus altas coronas de piedras de agua, parecían unas reinas salidas de la laguna, de lo hondo del pastizal.
Y Lorencito Carranza, sin rumbo, allí, avanzaba, retrocedía, iba hasta la casa, salía, mirando pasar la lluvia, las nubes, la historia del jardín.

No sé de dónde lo había sacado mi padre al Lorencito,tal vez desde el linde mismo de la huerta; y allí estaba, el nuevo cuidador oficial de las patatas del solar. Esa tarde le miré la cara color tierra, llena de brotes, de pimpollos, la casaca color tierra, las manos extrañamente blancas y húmedas, que tentaban a cortarlas en rodajas y a freírlas. Pero, el Carranza no dijo nada de las vecinas y mi madre lo mandó a dar agua a los perros. Sólo los perros adivinos empezaron a dar saltos y a gruñir nomás de verlo al Lorencito y hubo que echarlos al jardín y ponerles cerrojo. Luego él se marchó, escopeta al hombro, hacia el monte bajo la luna, apuntando a los posibles ladrones, y, sobre todo, a las liebrecitas roedoras.
Y como era una tarde gris, pero, suave, alegre,y como lo hacían las niñas de entonces, me disfracé para pasar desapercibida, me puse mi máscara de bestiezuela, y así anduve entre los viejos peones y los nuevos peones, y saltando crucé el prado y llegué a la antigua noria donde había fiesta. Todos estaban felices,era el cumpleaños de Lorencito y bailaban huapangos Por los cuatro lados habían puesto jarritas de almíbar y postales. En medio de la mesa, una exquisita liebrecita roedora, rodeado de lucecitas. El Lorencito Carranza, que siempre estaba serio, esta vez se sonreía y se reía; y antes de que bajase la tarde,fué al jardín, a soltar a los perros,pobrecitos. Y allá ,en el solar,lo ví:arrojó al aire una moneda; yo la vi rebrillar, y al caer se volvió un caramelo, del que, enseguida, salió una vara larga y florida como un gladiolo, a cuya sombra Lorencito creció y creció,y creció aún más como una patata requemada,gigante y peluda de tan bien regada, hasta que ya no pudo entrar a la casa después, de tan inflado, y eso le duró por varias semanas.
Yo soy de aquel tiempo,los años dulces de la Magia...

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