6.12.10

Humo de abril...



Dejó ese amor ahí
para que el viento
lo deshojara
y lo llevara
a caminar la tierra.

No quiso
su daga sobre el pecho,
ni su lenta
ceñidura de espinas en la frente
de sus sueños.

Que lo miraran sus ojos
vuelto nube,
humo de abril,
sombra de golondrina
en los espejos frágiles
del mar...
Trémula lluvia
repetida sin fin sobre los árboles.

Tal vez un día, aquél
que no supo
retener en las manos
su júbilo perfecto,
conocería su rostro en un perfume,
o en la súbita muerte de una rosa...

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