24.2.11

Si fuera sensata...



Estoy algo mosqueada porque nunca sé que vestir para salir a pasear con él,y por ello, he empezado a ventilar la ropa de primavera,que aún guarda el aroma de camomila y yerbabuena del año pasado.
Hace días que noto trasiego en el armario.
Los colores alegres pugnan por abandonar los cajones,y salir de la oscuridad que almacenaron en un invierno demasiado frío y perfumado a castañas,canelas y madera.
Distraídas, aparecen medio desnudas en las gavetas, asomadas con un aire ligeramente desmayado. Las prendas se esparcen entre suspiros, y yo, las palpo,las huelo y las valoro y las vuelvo a distribuir por un orden de colores: los tonos acaramelados a la derecha, los de colorido apasionado a la izquierda...

Si fuera sensata,olvidaría este deseo de parecer una modelo vintage de vieja revista Vogue o Squire, para gustarle a él,y haría una madura transición antimoda,para vestirme mitad de invierno,y mitad en cueros. O quizá apueste por las combinaciones anarquistas,atrasando asi hasta el verano el lavado de los coloridos trapitos rebeldes y las alegres telas ligeras.
Porque lo confieso sin miramientos: tengo muchísima desconfianza de las suspirantes expresiones primaverales del vestir...

Sol...



Se cuenta que perdido en la zona más alta del Pirineu catalán existe una aldea llamada Vall d'ombra,con menos de 50 vecinos muy ancianitos que viven en las 20 masías de piedra que forman el pueblo. La aldea se hunde en el profundo valle,y se queda en sombra desde noviembre hasta fines de febrero porque ningún rayo de sol logra traspasar las montañas que lo envuelven.
Tras siete años de trabajos e investigaciones, un espejo enorme y un programa de ordenador los ancianos han podido bañarse de sol en la plaza de Vall d'ombra.
El alcalde de este pueblo prometió sol y cumplió...

Si yo fuera vallombresa, a este alcalde lo votaría siempre.
Por traerme el sol...

El olmo...

Aquel olmo era tan generoso, que, ignorando lo que de su especie se decía, daba peras a quien se las pedía...

22.2.11

La piedra...


No era que aquel hombre fuese el único animal que se hubiese tropezado dos veces con la misma piedra. No fueron dos ni tres, sino muchas las ocasiones que se dió con las narices en el suelo.

Lo que nadie sabía –y menos este hombre- es que esa piedra estaba viva y cambiaba de lugar estratégicamente cuando nadie la veía.

La piedra le tenía cabreo, pues la primera vez que él tropezó con ella, le echó injustamente toda la culpa del incidente a la pobre roquita.

Ahora ella dedica su vida a atravesársele agazapada en los lugares y momentos más inesperados, soltando una muda carcajada pétrea cada vez que él se va de bruces...

Café de la mañana...



Bucea.
Sólo bucea:
si no te ahogarías en un vaso de agua,
afina y discierne:
mucho menos lo harías en la taza
del café matutino...
Es la mañanita rubia y escarchada:
Hazme reir...Aviva el misterio.
Ponme a secar al sol.
Dame de tu boca el agua bendita
que me queme por dentro.
Llúeveme el agua.
Úntame de amor y otras pócimas
de tu atanor secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida
impregnada de tu sabor.
Sácame de quicio.
Lléveme a pasear atada a la cauda de tus estrellas..
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonta y ciega y terca.
Sacrifica tu aureola...Perdóname.
Olvida todo lo que hayas dicho hasta ahora.
No me asustes.Vete lejos.Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi corazón con tus dardos de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Entra sigiloso al quirófano.
Arréglalo como sabes y que no vuelva a estropearse.
Acelera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
No te rias.
Sueña feliz,que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tu pecho.
Toca mis manos abiertas.
Nota la textura y el calor de mi piel.
Déjame respirarte hasta reventar.
Sé tu mismo y no te olvides.
Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Mira,tanto,que se te cansen los ojos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
No llenes el foso de cocodrilos,no lo hagas,
que yo luego no podré tirarme de cabeza.
Llévate mi vida,y deja en paz mi pelo,
lleva todo lo que tengo, nunca encontrarás
el nudo oculto de mi cabeza, no me des
la lata más, no me dejes un regalo
ni quieras beberte mi vida.
Sal, extrañame toda y después vuelve.
Te invito ese café.
Caliente claro.
Sin azúcar...

y sin aliento...