20.7.11

Tesoros...








El Sensei estuvo en las nieves del norte de Toronto,
con los buscadores de oro.Intentó ser gambusino,creyéndo
que con bastantes pepitas de metal aúreo,podría ser amado.
Y con un manojo de papelitos firmados y su costal de pepitas,
dejó el Sensei las nieves vistiendo un batón blanco e inmenso
todo lleno de bolsillos repletos de papelitos y de monedas,
y una balija repleta de tesoros.
Cuando llegó a tierras más cálidas,el Sensei tenía,además
de sus tesoros, muy bellas historias que contar,
historias de fundación y fundamento y
en cada historia había gente que volvía a vivir por
arte de la medicina. Y así él fué resucitando a los olvidados

y a los muertos: y de las profundidades de su corazón fueron
brotando los andares y los amares de un Sensei bondadoso
y sencillo,mientras que suponía que Asumpta lo iba a querer
demás por sus tesoros.
Sin embargo,supuso mal,y la pasó a joder porque a Asumpta
las cosas de oro le antipatizaban mucho.
Así fué que con la suerte de soslayo,
mientras el Sensei charlaba con unos primos cañí,
unos truanes le dieron baje con la balija,
y algunas otras cosas de valor que terminaron en el mercadillo,
y así fué como bajo un solazo gitano de tendedero,
pepitas y papelitos volaronen un santiamén
hasta el otro lado de los cuentos...
De locura.
El Sensei entonces despotricó contra el Mal Fario y la pobreza...
Asumpta,sin embargo,le demostró al Sensei que él tenía otros tesoros mas valiosos en su corazón,y le señaló una estrella que quedaba justo al lado de izquierdo de
su pecho,donde por ejemplo,los duendes acrisolan las gotas de la lluvia que son ahí como
mil diamantes fugaces...
Y eso los hace muy ricos en gotitas de agua pura y son felices cuando llueve...

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