10.11.11

El bosque...







A la noche el bosque se ocultó en un color verde ennegrecido con un poco de polvito de luna. Los caminos chirriaron de grillos y el viento se llevó las hojarazcas de la atardecida en sus sueños luviosos.
La estrella polar esperó para tomarse un traguito de tiempo en la mañana,pero primero dormitó acunada por los sondidos rosas.
Fué cuando el bosque,dormido a pierna suelta,empezó a roncar.
Roncaban sus ramas y el paso de sus gamos,y el aullido de sus lobos,y todo en los senderos del recorrido,recrujía en la madrugada.
No a la vista,ni a la luz de las luciérnagas,,sino al oído atento de la noche.
Pero el bosque dormido despertó por fin al primer canto del pinzón y la lunita bostezó desvelada.Fué largo su insomnio dada la soledad y el frío.
Y llegó a paso quedito,el día,para no asustar a nadie,ni despertarle en sobresalto.
Las ardillas encamorradas corrieron al primer albor en el verde de las sombras a desayunarse sus castañas.Y los mirlos cantaron su tonadita de siempre.

Pero al primer sol de la mañana el cielo se hizo visible en llanto...Sus lágrimas brillaron en los pliegues de las hojas amarillas,y sobre el musgo del otoño con la más profunda piedad.A tal grado que se mudó en neblina.
Y es que el día en el bosque,se recordó de ti, y te trajo de vuelta con tanta ternura desperdigada en las faldas oscuras del estero y en los bolsillos de los árboles,salpicando a los líquenes,a las setas y a las semillas...

Y cayó la ternura como una piedra en el lecho del río
como nunca antes, como un fuego blanco de estrella,como un pensamiento profundo y mojado de rocío volando a la luz del alba.
Y los pequeños reinos de respiraciones invisibles,gritaron entonces tu nombre,y los insectos y los pájaros corearon a la vida en todos los árboles.
Y el fuego del desayuno fué entonces un deber solitario y luminoso arrastrándose absurdamente y sin hambre por el frío de la mañana...


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