15.12.11

Tanta lluvia...



No pega nada con tanta lluvia,
ni la zamarra de capucha rosa
y botones de nácar
que él me regaló,
y ni siquiera mis amadas
botas rojas bublegomers italianas.

Tampoco encienden las cerillas
ni las varitas de leña,
y empaparse pone de nervios:
yo me pongo rara
como si me acabara de dar un cabezazo
contra la lluvia bautismal
y él venga a mirar el cielo,
extrañadísimo
y dudosamente conciliador
con la naturaleza y su maniática sonrisa
de solecito veraniego
ignorando olímpicamente
los cántaros de lluvia derramándose.
Ah,
se me olvidaba decir
que por fin arden los leños
y que la noche, a pesar de todo, la pasamos juntos,
raros, y avivando el fuego...


No hay comentarios:

Publicar un comentario