15.1.13

Su ausencia...









Usted se va a Bruselas,dice...
Pero tampoco conviene dramatizar
             las cosas.
Cuando salgo a la calle,
aún me quedan muchos ecos risueños en el tacón,
y mis medias de malla consiguen reducir la cintura
             de la tristeza
aun con su ausencia  monstruosa
 siguièndome con un crujidero
             de escarcha.
 Y es que usted se inmiscuye en mi bufanda
desde una aurea blanquísima que me reverbera los labios.
O sea, que no estoy tan mal.
Porque yo podré ser de vez en cuando un eclipse. Pero
nunca un eclipse sin sangre de luz.
Por eso,y por el frìo,
no me muevo,
aunque quizá su ausencia se ponga triste o se enfade
por este silencio mìo que hace arrugas en la nieve
y le dè por asfixiarme...

 

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