22.1.13

Un chocarrero modificante...








El Sensei sueña siempre rosas.
Ya no le caben en la habitación,
y eso no puede seguir así:
Cada día se levanta con las sábanas llenas de rosas
que no se conforman con quedarse quietas de mañana, no:
danzan las gamberras al son de los alegres swings que trazan sus dedos al vestirse.
Por eso se tarda tanto al ponerse la camisa,
a al anudarse los cordones de los zapatos…,
Y sueña tanto con las rosas el Sensei
que ya no hace el menor caso a la encina desdentada
ni a la camelia negra que se vieron con èl
despuès de aquèl paseo por el campo,
(Cuando le sorprendió un aguacero precioso
y como no llevaba gorro,convertiò
la gotas en diminutos paraguas de nácar,
pero hizo mal,
porque el campo necesita agua,y no magia,
y como lo dejò blanco, tan blanco,
que parecía espuma cuajada...pues eso.
Menos mal que luego cayò en la cuenta del error
y los paraguas se esfumaron, para dejar paso
a tres mil nubes que se posaron dulcemente
en los prados, en los cerros, en los sembrados
para dar alegría y frescor a la encina y a la camelia
que le agradecieron la gentileza...)
En fin, que el Sensei, hace lo que quiere con la naturaleza
y a Asumpta le irrita el no poder enfadarse nunca con èl,
a pesar de tener motivos grandes y justificados.
Como ese de ser un chocarrero modificante,
con las aceitunas,por ejemplo, que, porque le da la gana, las transforma en ciruelas los domingos,
o el quererse mudar a otra buhardilla
que tenga el suficiente espacio para meter allí
 todas las rosas que ha soñado…
Y si que es pesado con ese rollito de alquimista barato.
Pero mira que a pesar de que se le bote la canica, Asumpta le quiere tanto...

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