14.6.13

Peces...











Se muere
cuando la trasparencia total
nos acomete,
como si la vida se ocultara a sí misma
en la mineral diadema de las olas.
Todos los días fuí hasta la playa
después del café.
Todos los días desistí
de mirarme en el agua brumosa
de la mar.
Hasta que tomé el café
con ese hombre cansado
-de ojos endiabladamente hermosos-
y enmudecimos hasta morir
frente a un puerto fantasmagórico
levantado sobre nosotros como una
pintura surreal.
Como si la vida fuera todo y nada,
pulsando sus fosforescencias
hasta en los besos,
que finalmente nada dijeron,
nada reclamaron,
sino su mínimo lugar en el
universo.
Fue así que reencarnamos
frente a frente,peces,
elevando nuestras ansias
amotinándonos en la espera
y remontando en corrientes
 en un pozo oceánico
 de silencios y quimeras.
 Reconocimos nuestros cuerpos
traslúcidos de tanto amar
sobre acuáticos restos de alabastro
y flotantes trozos de madera,
desafiando las bitácoras,
conjurándonos en la espera,
sin peligros nocturnales,
sin minúsculas peceras,
sin temor a leviatanes,
sin timón,
sin red,
sin lámparas,
sin tregua...

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