19.12.13

Fresas y sapos...










El Sensei es adicto a retozar entre las fresas.
Desde niño,su madre le puso dos flores de verbena en las oscuras niñas de sus ojos y una fresa enorme en lugar de teta. Por  eso goza de danzar sobre los pastos donde bostezan los  sapos piadosos,sus amigos, y resumban coloridas,las libélulas.
El Sensei opina que es muy bobo el destino de los sapos,aunque acusen a la luna de todas sus minúsculas desdichas.Que si acusan a la luz de haberlos traicionado,que si fue la noche la culpable de haberlos perdido,que si es la charca la que les hundió el destino... Dice el Sensei que lo único que les pasa es que no han comido fresas. No las han mordido,no han saboreado su juguito dulce  y no las han masticado despacito. Por eso los sapos son tristones y aburridos. Y así se pasa el Sensei el día,saltando sobre la hierba,comiendo fresas,chapoteando en la charca,comiendo más fresas,sermoneando a los sapos,devorando más fresas,bailando,y fresas,cantando,y fresas...y cuando por fín las mil luciérnagas del bosque irrumpen en el crepùsculo malva,el Sensei abre los brazos y cae de espaldas con la barriga repleta,y se retuerce por el dolor de tripa,clamando piedad al universo.
Es cuando los sapos empiezan a cantar la bella canción del karma cuyo estribillo dice algo así: "ándele que bueno por tragón y por burlón",hasta que llega Asumpta y le da su tónico para el dolor de tripa,y lo lleva a dormir la mona de fresas.
Y esto se repite cada día durante la temporada de fresas,ya que cada mañana,en cuanto estalla el alba y aunque esté nevando,el Sensei se despide de Asumpta con un beso,y sale de casa y se dirijeal prado a comer,feliz,  su ración de fresas mientras se burla de los sapos...

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