8.5.15

Caí...











Uno de estos días en que andaba callada
agrupando la miel y la apretada harina
de los altos signos cotidianos,
pensando en tu boca
para reposar mis ojos,
y como palomas diurnas
entre hierbas amargas,
resbalé sin fin,
y caí atravesada por un astro.
Y andaba yo
con un crepúsculo enredado entre la lengua,
Con aire de laguna
y ropa de peligro.
Y te busqué entonces
por las inmediaciones de mi cuerpo.
Y de pronto llegaste,
huésped de mi alegría,
y me poblé de islas
con tu brillante dádiva.
Desde la brisa fresca llegaste
como un niño con un pañuelo blanco
y la noche voló de sueño entre las ramas,
junto al gozo del agua y el rastro de la abeja...


.

No hay comentarios:

Publicar un comentario