6.7.15

La sombra del nogal...









Mamá decía que nadie debe  dormir a la sombra de un nogal, porque no hacía bien. Y para confirmar la veracidad de esto, alegaba que no hay planta que floreciera a su vera. Contaba asustada,que entre los gitanos había algunos que se habían vuelto locos,sólo por tomar esa sombra...
La verdad es que los nogales son un tanto peligrosos si hay chubascos, sus raíces no se van a lo profundo y un fuerte vendaval puede descuajarlos. Pero tan pronto madura su fruta, los folículos se abren en las ramas como picos de pájaro, y entonces lnos regala as nueces en sus cáscaras,que parecen a punto de caer al suelo. Algunas veces, creí ver de que las ramas se sacudían solas para descargarlas...pero tal vez eran las ardillas.
Todas las nueces son a la vez húmedas y secas.. Unas nueces en un tazón de la cocina son un puñado de bromas. A la gente le gusta jugar con ellas, que corran de una mano a otra.
Nudosas, adictivas, quebradizas, con heridas, cicatrices, pliegues, surcos, son también firmes, sin parecerse a la madera, tan ligeras en peso, y más son como fruta muy madura que sin embargo te puede romper los dientes. Y en cada hendidura, en cada pliegue, hay un aroma casi animal, un tanto furtivo y muy penetrante. Lejanamente sugieren lo misterioso del bosque.
Las nueces, antes o después de una comida, son las delicias que acompañan las historias. Secas, fragantes, casi húmedas, mañosas, como los mejores relatos. Y cuando los que escuchan se han ido, sólo quedan las cáscaras astilladas de las historias regadas por sobre la mesa.
Papá nunca usó cascanueces... Colocaba una nuez contra la otra, como formando una cruz, y luego las estrujaba en el puño, hasta que la más débil se rompiera por la presión de la más fuerte.
Y cuando era buen año y había muchas en el nogal, esperabamos impacientes el final del verano para  comenzar a comer nueces, mientras papá contaba historias a su sombra...



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