12.8.15

Aprendí...







Aprendí a leer entre los árboles
como las caracolas de la rivera
para dar un nombre
a todos los metales
tales como cuarzo o mármol.
Aprendí a nadar como las carpas
contra la corriente del río,
y a remontar el dolor y la miseria
sin queja y sin reclamo.
Aprendí a amar el rostro
de cada estación­:
a saborear la dulzura
de la primavera con los labios
a disfrutar de la calidez
del verano en las mejillas,
a cosechar con el ocre del otoño,
y a hacer una virtud del fuego en el hogar
en el refugio solitario del invierno...
Escuché el latido de la tierra
en las huertas de naranjos.
Y ahí es donde aprendí a escuchar...


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